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Restaurar sus corazones”, a pesar de la tragedia, ha sido siempre la meta de Ángeles del Camino, una fundación sin intenciones de lucro que desde hace ocho años atiende a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual y los guía para que continúen con sus vidas.

La iniciativa nace y se mantiene por Beatriz Bustamante, una caraqueña radicada en Anzoátegui, que a los 17 años fue brutalmente violada por tres sujetos a los que ella conocía en la urbanización capitalina Cumbres de Curumo.

Ángeles del Camino ha tratado alrededor de 1.500 casos y hoy atiende 56, indica su fundadora, quien asevera que libraron oficios a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y Amnistía Internacional Venezuela, en aras de que le den rigor al 7 mayo como día mundial contra la violencia sexual en niños y adolescentes.

“Restauramos la vida de víctimas de violencia sexual en Venezuela, pero gracias a las redes sociales hemos tenido la gran bendición de ser un enlace de esperanza para jóvenes fuera de las fronteras de Venezuela, aunque han sido pocos”, expresa Bustamante.

Agrega que la tarea primaria en la fundación es gestarles a los muchachos nuevos recuerdos que los “desprendan de la tragedia” que vivieron. Es decir, “nosotros no vamos a estar con ellos hablando todo el tiempo de los que les pasó, los escuchamos sin presionarlos. Lo que hacemos es sanar espiritualmente el corazón de estos muchachos”.

Considera firmemente que el amor es la única herramienta certera para levantar y restaurar los corazones heridos. En sus terapias con los jóvenes abusados, la palabra de Dios es una de las protagonistas.

A pesar de que el objetivo principal de la fundación es ayudar a menores de edad, también apoyan a personas de todas las edades con el mismo historial.

Angeles del Camino

Estadísticas

Bustamante asegura que más del 80% de los abusos sexuales lo cometen personas cercanas a la víctima, tales como padrastros, padres, tíos, amigos, primos, entre otros.

Dice que hay una cifra “negra” en cuanto a las denuncias por este flajelo, debido a que no hay confianza en que se lleve a cabo un proceso legal satisfactorio para la víctima. “Lejos de ser dignificada su historia, pueden ser -una vez más- profundamente humillados y abandonados. Hay mucho por hacer ahí, independientemente que haya gente buena haciendo su trabajo”, advierte.

Entre los casos que le ha tocado tratar, solo 10% de los victimarios ha tenido un castigo penal por el delito cometido.

La fundación cuenta con colaboradores, tales como terapistas cristianos, médicos forenses, psicólogos, entre otros, que no cobran por su ayuda.
Además, acuden a colegios a dictar charlas. “Adonde nos inviten vamos sin cobrar nada”, asegura.

Para recaudar fondos, planificaban todo tipo de eventos que les ayudaban a conseguir colaboradores. Por ello, en vista de las alianzas alcanzadas este año, se ha decido no organizar actividades de recaudación.

“La Universidad Santa María beca desde hace cuatro años a jóvenes que hayan sido víctimas de agresión sexual. La agencia de viajes Tinatours, brazo y familia de Avior y Enviajes, nos pusieron el ojo hace tres años y nos facilitan la movilización para cualquier evento o adiestramiento que necesitemos”, celebra Bustamante.

Para financiarse este año, pautaron una rifa, patrocinada por Tinatours, solo para 350 personas que deseen colaborar con un aporte especial de 7 mil bolívares por ticket.
El premio son dos boletos para cualquiera de los destinos internacionales de Avior, además de la satisfacción de haber apoyado una buena causa.

De lo malo, lo bueno

La etapa de la adolescencia fue quizás la más difícil para Bustamante, pues fue en ese período cuando tres hombres le robaron la inocencia que aún poseía.

“Cuando yo tenía 17 años de edad, virgen aún, fui violada. Yo era una chama de mi casa, no me dejaban salir, ni para la esquina, sin mis hermanos y un día, retornando del colegio, me interceptaron tres sujetos que yo conocía, uno de ellos me encantaba. Yo soñaba con ser su novia y luego casarme y entregarme enamorada a él vestida de blanco”, cuenta la fémina quien no puede evitar, que aún después de tantos años, su voz se quiebre y sus ojos se pongan llorosos.

Continúa relatando que “ellos llenos de maldad, interceptaron mi camino cuando estudiaba quinto año de bachillerato. No me pude graduar, a mí me graduó el director por amor porque su corazón fue tocado por Dios. Ellos me llevaron a una zona que se llama el Merendero del Gavilán, en el alto Hatillo, y brutalmente me violaron uno detrás de otro. No logro determinar aún cuanto tiempo estuvieron ellos turnándose. Unas 12 horas quizás”.

Mientras su familia se afanó por encarcelar a esos tres sujetos, explica Bustamante, ella se fue de su casa y se desarraigó totalmente. “Yo respiraba pero estaba muerta en lo espiritual, no tenía razón alguna para vivir, por lo cual me revolqué en las drogas que existían en aquel entonces, viví en las calles, robé al que pude para alcanzar mi necesitada dosis en los barrios más tenaces de la capital”, rememora.

Así estuvo durante una década, pues “luego de haberme sentido el ser más humillado del mundo, el de menor valor hoy en día me siento honrada por saberme sierva de papito Dios, por saberme un instrumento del bien”.

Dos de los jóvenes que la violaron eran conocidos por su mala conducta en el sector. Sin embargo, el que a ella le gustaba no era tan reconocido por sus malos hábitos.

“Yo trataba a todo el mundo por igual y no escuché el sabio consejo de mi familia que me decía que tuviese cuidado, por eso yo hago un llamado bien puntual a la adolescencia a dejar a un lado la rebeldía y a escuchar el consejo de sus familiares, porque son ellos los que más nos aman. Yo no le presté el debido cuidado a este llamado”, advierte.

Cuenta que la fundación Ángeles del Camino se llama así porque desde el momento en que sufrió ese ataque no cesó “papito Dios” de tropezar su camino con personas “de luz” que, de una u otra forma -dice-, la ayudaban, aun cuando reconoce que no quería vivir más.

“Los reconozco como ángeles que él me puso en el camino. Un policía que, en vez de meterme presa, me ayudó y me resguardó. Alguien que me vio debajo de un puente durmiendo y en lugar de violarme de nuevo me cubrió y me llevó de comer, y así en el camino me fui tropezando a muchas personas que en el momento quizás no aprecié. Con el tiempo el amor de Dios me alcanzó”, revela.

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No solo niños y adolescente atiende la fundación. Los adultos que han pasado por violencia sexual también pueden recibir ayuda.

Recuperación

A los 26 años, ya rehabilitada del consumo de drogas, llegó a Puerto La Cruz, donde nació la fundación. “Ahí comenzó un proceso de transformación -expresa Bustamente-, yo tenía una sed de sanación. Esto es un proceso, nosotros nunca vamos a olvidar que fuimos sexualmente abusadas. Sin embargo, si logramos alcanzar la sanación”.

Trabaja junto a su hija, Bárbara Trías, de 20 años de edad, quien próximamente estará participando en el certamen de belleza Miss Turismo. A ella la define como una persona con una gran belleza espiritual. “Su belleza interior es más grande que la externa”, describe.
A los padres de las víctimas también los ha aconsejado para que no se afanen por proveerle cosas materiales como viajes y ropa. “No todos los padres se permiten involucrarse en el proceso de recuperación del niño”, revela.

Como parte de la ayuda que presta la fundación, las víctimas acuden a sesiones terapéuticas, con Beatriz Bustamante, posteriormente cuando ya han logrado un vínculo incluye a su hija en las terapias. En una etapa más avanzada realizan sesiones grupales, “en el grupo compartimos, lloramos, reímos, vemos películas, compartimos la palabra de Dios”.

El principal deseo de Bustamante es seguir haciendo el bien, “seguir asistiendo, atendiendo y restaurando las vidas que `papito Dios traiga a nosotros´, eso es lo principal”.

“Sé que en el tiempo de Dios lograremos tener nuestra sede, la sueño frente al mar, porque esa condición espiritual que nos provee el mar es importantísima para sanar los corazones heridos”.

Si una víctima quiere contactar a la fundación puede realizarlo a través del correo electrónico [email protected] Además, tienen enlace con el Ministerio Público (MP) y autoridades policiales desde donde les remiten algunos casos.

“Estamos aquí, nosotros les podemos presentar la herramienta más hermosa para sanar sus corazones, debe saber que sí se puede, que no todo acabó todo ahí. Sí se puede rescatar la luz, la ilusión, los sueños y el creer en la vida. Estamos aquí para agarrarlos de la mano y transitar ese camino de esperanza”.

Para Bustamante y como reza la sagrada Biblia “no hay nada más bienaventurado que el hecho de dar”.

Lissette Escudero Yajure
[email protected]

Redacción El Norte
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