Seis días después del hecho localizaron el cadáver de Carmen Dolores Hernández, de 70 años de edad, en su apartamento. Tenía varias heridas causadas con un cuchillo. El homicida es su hijo adoptivo, que confesó el crimen cuando llegó a la vivienda y se topó con los funcionarios del Cicpc. Estaba acorralado y no salió bien librado del interrogatorio.

Según la versión que conoció el cuerpo de seguridad, el muchacho regresó a casa luego de ir a rehabilitación por droga. La mujer esperanzada en que había mejorado, volvió a abrirle las puertas de su hogar.

Pero las discusiones no cesaron y a los pocos meses, en un arrebato de ira, Jesús la apuñaló y mantuvo el cadáver en la casa. En los días posteriores al crimen, sacó enseres de la vivienda. Los residentes vieron que sustrajo sillas, mesas y otros objetos.

También durmió al lado del cuerpo descompuesto de su madre. Nadie se explica cómo pudo soportar el hedor que emanaba el cuerpo por varios días. El olor putrefacto que salía de la vivienda llamó la atención de los vecinos que llamaron a la policía.

“Hasta el jueves en la mañana vi a Jesús cuando salió del edificio y me saludó. Le pregunté por su mamá y me contestó que se había ido a Baruta y que regresaba el martes. Esta mañana me enteré de lo ocurrido y estoy asombrada. ¿Cómo pudo actuar con normalidad todos estos días?”, se preguntó Rosa Vivas, conserje de la torre B-1.

Según Gladys de Cermeño, habitante de la torre A-2, en una ocasión anterior él la amenazó con un cuchillo. “En una oportunidad le dije: ‘cuídate de él, porque un día de estos te encontrarán con moscas en la boca’, y así fue”, lamentó.

 

Redacción