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La poca oferta de un empleo rentable y fijo ha dado paso al incremento de la economía informal. Una moda que ha arreciado y tocado no solo a las personas que por una u otra razón no son preparadas académicamente, sino también a profesionales que han tenido que salir a la calle y emprender cualquier negocio para subsistir.

Tal es el caso de Jaime Ramírez, quien desde hace un año se vio en la necesidad de comprar maíz y vender y ofrecer masa, a la altura de los bomberos de Puerto La Cruz.

Explicó que se desempeñaba como enfermero en un centro asistencial del municipio Sotillo, pero la necesidad de mantener a una familia de cuatro personas lo llevó a buscar recursos propios.

“En este país ya no podemos conformarnos con un sueldo mínimo y unos ticket de alimentación que llegan cuando el patrono se acuerda que debe pagar”, dijo.

Esta historia es semejante a la de Raquel Sifontes, quien a pesar de ser abogada ha tenido que dedicarse a la venta de golfeados en su casa para poder sostener a su madre y a un hermano menor de edad, quien por cierto estudia primaria.

Proliferación
Varios puntos de la zona norte del estado Anzoátegui se han tornado en una especie de mercados populares, o por lo menos así lo describen quienes allí tienen sus ventas.

En la entrada de Pozuelo se contabilizan más de 20 personas ofreciendo distintos productos de consumo humano. Los comerciantes alegaron que es un punto muy concurrido al cual se le saca provecho.

El vendedor de pescado Andrés González dijo que tiene año y medio en la zona y aunque no se ha hecho millonario, tiene buena venta.

 

J. P.
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