El pasado cuatro de octubre dieron comienzo los actos con los que Chile festejará, a lo largo de todo el año, el centenario del nacimiento de Violeta Parra, a celebrarse en 2017.

Diversas son las razones que justifican que este natalicio se rememore con carácter de fiesta nacional. Si por una parte Violeta proyectó la cultura y los valores hispanoamericanos en el ámbito internacional, por otra contribuyó grandemente a la conservación del patrimonio artístico y cultural chileno mediante la meticulosa recopilación de los cantos tradicionales del interior, apoyando así la consolidación del acervo folclórico del país.

Al mismo tiempo, la artista canalizó su impulso creativo no solo a través de la música, sino también a través de la plástica, destacándose como  ceramista y bordadora. De hecho, fue la primera latinoamericana que expuso individualmente en el Museo del Louvre, ofreciendo al público una muestra de sus tapices en 1964. Algunas de sus obras se encuentran expuestas en el museo que lleva su nombre, inaugurado en octubre de 2015, el cual está dotado con salas aptas para la realización de diversas actividades, a las cuales se puede acceder gratuitamente.

En 1965 Violeta, que desde joven habría estado consustanciada con preocupaciones de índole social bajo la influencia de quien fuera su esposo, Luis Cereceda, militante del Partido Comunista, instaló una gigantesca carpa en Santiago con el propósito de albergar en ella diversas manifestaciones folclóricas chilenas.

“Violeta Parra, de 49 años, se disparó, a las 17:40 horas, un balazo de revólver en su carpa, situada en avenida La Cañada esquina de Toro Zambrano, en la comuna La Reina”, informaba el diario La Tercera en su edición del 6 de febrero de 1967.

¿Cuáles pudieron ser las causas que llevaron a la autora de Gracias a la vida a poner fin a sus días?

Durante los años que pasó en Europa conoció a Gilbert Favre, su gran amor, antropólogo y musicólogo, con el que entraría en contacto a raíz de un documental realizado por la televisión suiza sobre sus bordados. Favre, con quien viviría Violeta en Ginebra, sería el destinatario de composiciones como Qué he sacado con quererte.

Violeta voló a su encuentro en 1966, cuando este se radicó en Bolivia tras dar por finalizada su relación sentimental. Cuando la cantante llegó a La Paz, lo encontró casado con otra mujer, lo que la sumió en un indescriptible estado de tristeza, que, dicen, no llegó a superar, aunque hay quien se refiere a otros romances en la última etapa de su vida, eventualmente con el cantante Pedro Messone o con el músico uruguayo Alberto Zapicán.

Otra notable latinoamericana, la compositora peruana Isabel “Chabuca” Granda, plasmaría el amor de Violeta hacia Favre en un hermosísimo landó bautizado con el enigmático nombre de Cardo o ceniza. ¿Se refería Chabuca a dos tipos distintos de flor, o se refería a la extinción literal de la cantante en las llamas de una pasión abrasadora, cuando utiliza la palabra ceniza?

Lo que sí resulta indudable es a qué historia se refería el sensual landó, según lo demuestran las declaraciones hechas por la propia Chabuca al grabar en 1980 el disco Cada canción con su razón, que incluía la conocidísima pieza.

Linda Ambrosio