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Nos tomamos la licencia literaria para imaginar que el comandante Chávez regresa. ¿Cuál sería su actitud? ¿cómo reaccionaría frente a esto? Imaginemos.

Le extrañarían los encapuchados en las calles, las bombas lacrimógenas, las piedras volando, las carreras de las viejas evitando los tiros. Intentaría, en vano, encontrar a Jaua entre los encapuchados. Al ver las noticias, se enteraría de los disturbios por toda

Venezuela y se sorprendería por la similitud con el 27 de febrero.

Irá a la asamblea y el disgusto será grande al enterarse que ahora es santuario de la derecha que ganó las elecciones con amplia mayoría. Paseando por las calles, sintió dolor al ver a los humildes hurgando la basura para calmar el hambre.

Más perturbado quedó cuando leyó el informe de la operación de liberación del pueblo, olp. No comprende por qué no hubo referéndum, por qué no hay elecciones de gobernadores.

Se impactó cuando entró en dólar today y vio el precio del dólar, al saber que en Pdvsa movieron la mata y que Will no ha hecho elecciones. Se preocupó por la amenaza de Trump y la orfandad del pueblo chavista para resistir la amenaza. Entonces decidió ir a Miraflores.

En la entrada no lo dejaban pasar, no tenía carnet de la patria, el guardia no supo explicar para qué era eso, y no le pudo mostrar el suyo, no tenía, cuando fue no había material, solo le tomaron los datos. Al fin convenció al guardia y pudo entrar.

Buscó a Maduro pero el Presidente duerme la siesta, no se puede molestar. Se quedó dando vueltas por allí en la “fuente del pez que escupe agua” y oyó un murmullo, era una reunión de los quince motores. Fue hasta ese salón y, escuchando las conversaciones, identificando a los miembros, no resistió y a correazos sacó a los mercaderes del recinto. Todos quedaron petrificados, aquella presencia los impactó.

Los empresarios corrieron fuera del templo, los ministros y funcionarios se congelaron de la culpa, algunos balbucearon excusas, otros lloraron, los más expertos tendieron sus liquiliquis para que el comandante caminara sobre ellos, otros le ofrecieron sillas que él rechazó.

A la fuerza entró en la habitación del Presidente, pero aún dormía. Se retiró del palacio y se fue a Maracay a preparar otro 4 de febrero, con sus amados paracaidistas, con los tanques. Pensó: tengo que volver antes de que ocurra otro 27 de febrero, o el fascismo prospere, es necesario que recuperemos el camino.

Lo imaginado tiene fundamento, las condiciones de hoy son similares a las del 4 de febrero, y este gobierno se parece más al de Carlos Andrés que al de Chávez, quién se atreve a negarlo, eso justificaría la ficción.

Hay quien dice que la historia no fue así, que Chávez consiguió hablar con Maduro en Miraflores y después de unas dos horas Nicolás llamó a la almirante Meléndez y en presencia de la fiscal redactaron la renuncia.

De Tareck solo se sabe que volvió a Mérida y se lo tragó el anonimato. El gabinete fue renovado, se convocó una constituyente revolucionaria que aprobó la aplicación del plan de la patria, y prohibió al Presidente dormir la siesta en días de semana.

Sabemos que todo esto es fantasía. Que nadie se altere, que nadie se confunda. Pero cuánto darían muchos para que en el realismo mágico del trópico, ayudados por García Márquez, esta fantasía se hiciera realidad.

 

Si Chávez volviera le daría un golpe a Maduro por Toby Valderrama Antonio Aponte

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