No lo puedo dejar pasar. Aunque he dicho que criticar a la MUD resulta muy  torpe de cara a los riesgos y desafíos que tienen que enfrentar, que venga alguno de ellos a demonizar críticas de venezolanos, por vivir en el exterior, no deja  ser una posición más lerda y lacónica, que evitar reprocharlo.

Chúo enfatizó en el programa Vladimir a la 1, que “quien quiera liderar la lucha del pueblo venezolano, que se venga pa’ acá a pasar roncha con el pueblo”. Palabras despreciativas e infantiles, como aquellas de “los empantuflados” (dixit Capriles), que terminan siendo arrogantes como las de Trump, que por montarse en un set y una tarima, creen tener la magia de “hacer su país grande otra vez” y como ellos lo ordenan.  Argumento fuera de orden por etnocéntrico e idola fori.

Vale recordar al chauvinismo como discurso patriotero muy utilizado en tiempos de nacionalismos, segregación y revolución. Creencia narcisista próxima a la paranoia y la mitomanía, que lo propio del país o región a la que uno pertenece, es lo mejor en cualquier aspecto. El nombre proviene de la comedia La cocarde tricolore (La Escarapela Tricolor, 1831) de los hermanos Cogniard, en donde el actor Chauvin, personifica un patriotismo exagerado.

Mismo perfil chauvino -separatista y descortés- que iguala un líder cuando se adjudica en exclusiva la licencia de portar la “escarapela tricolor” y el derecho a vestirla y defenderla sobre los autoexilados, estén en NY, Bogotá, Miami, Panamá, Madrid, Montreal, Praga o Dubai. En términos de lo políticamente correcto, el mote -sacudir al aliado- es un absorto de estupidez. Cabalga lo imprudente tanto como le criticamos al chavismo.

Chavista y chauvinista es una anfibología cercana por ser típico de sus prejuicios. Pero ojo: Chúo-vinista y chovinista también es una fenómena que se oye muy mal viniendo de un burócrata de la MUD, que por pensarse Dios, sentencia quién pasa roncha y quién no… Para colmo, agregar que “Diosdado y J.J. Rendón andarían en la misma tribuna, complotados contra la MUD”, es otro desliz estratégico delirante e irresponsable del señor secretario de la MUD.

Desconocer al que se ha ido y planta sus quejas a la oposición, obedece al cliché irracional de que quienes están adentro y se ocupan de la política, son los que pertenecen, saben y sufren, y son los dueños de la verdad (Bernard). Al decir de Hannah Arendt, es la vieja idea del concepto de “Nación”, según la cual pertenece y obra por ella, “el que participa directamente en una misión nacional”.

Misioneros de uniforme, con su esvástica en el brazo y su ruga Sigel- que se reservan la potestad de traer un “poco de luz” al infortunado pueblo, y lo que traen es más oscuridad y fracturas.

Decretar que la “luna de Atenas es mejor que la de Éfeso” o que quien se “come un cable” en la esquina de Pajaritos, legitima más ‘la causa Venezuela’, que los que comen arepas en la calle 58 del Doral, es ridículo y una demostración de miedo innecesaria. Quién dice que el apátrida no sufre tanto como el peor de los hambrientos. Quién afirma que un autoexiliado no siente a la patria y lucha por ella tanto como el que marcha en Caracas o hace de orador. ¿Y quién acredita al que vive en Venezuela más nacionalidad que el venezolano que vive en Ottawa o en Noruega? ¡Cuidado con eufemismos!

Orlando Viera-Blanco