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Cuánto ha sucedido para que hoy estemos aquí y ahora… Intentar hilar la cadena de acontecimientos que nos ha traído a este momento puede ser tan desafiante, como fascinante.

Desafiante por lo complejo de la tarea de armar escenas, eventos y personajes que a lo largo de la vida han formado parte de esta historia; fascinante por la posibilidad de descubrir, en cada eslabón, nombres y rostros de tanta gente.

Hacerse consciente de ello significa, por ejemplo, no llevar un bocado de arroz a la boca, sin agradecer al empresario que puso el dinero, al agricultor que labró la tierra, al maestro que le formó o instruyó, al campesino que lo sembró, al que lo regó, cuidó y cosechó, al que lo seleccionó, al empacador, al transportista, al comerciante, a quien lo compró y a quien lo cocinó… Significa estar consciente de las voluntades que hicieron algo para que el disfrute de ese instante fuera posible.

Y en ese ejemplo, esa lista queda corta… Mucho más que eso tuvo que pasar, mucha más gente estuvo involucrada, incluso los que en la vida de cada uno de los actores mencionados hicieron algo para que ellos estuvieran allí en el momento preciso que necesitó ese grano de arroz que ahora está en tu poder.

No somos nosotros muy diferentes a ese grano… ¡Cuánto ha tenido que pasar! ¡Cuántos han tenido que actuar! ¡Cuántos han tenido que nacer! Es una cadena interminable e invaluable de eventos perfectos diseñados como parte de un sistema que arroje como producto este “hoy” en nuestras manos.

Siendo así… Estando así de claro, como bofetada que deja el rostro palpitando… ¿Cómo no agradecer? ¿Cómo ignorar a quienes si no hubiesen cumplido su cuota no hubieran hecho posible este mismísimo momento? ¿Cómo olvidar a quienes nos dieron vida?

Yo se cómo. Lo veo todos los días en quienes no enaltecen sus raíces; en quienes desconocen la historia de sus antepasados, que no es más que su propia historia; en quienes conservando rabias o dolor no pueden decir a sus predecesores más allá de su actuar: “gracias por haberme dado vida y haberme elegido en tu historia”.

Se nos olvida agradecer cada paso, cada actor, cada grano… Y es así como quedamos con tanto agradecimiento pendiente, “como arroz picao”.
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@argenisangulo

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