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El departamento de Cursos Básicos, así como los laboratorios de química, física, los talleres de mecánica, tecnología, química, industrial y petróleo han sido blanco perfecto del hampa


UDO Anzoátegui
Estudiantes del reciento están cansados de tanto vandalismo. Alejandra Upamo

La delincuencia tomó el poder. Se vistió de estudiante, entró y ocupó uno de los mejores puestos.

No parece retroceder. Se mueve como pez en el agua, entra vacía y sale cargada. El mejor mercado lo hace ahí adentro, justo donde se forman aproximadamente 14 mil estudiantes.

Una de las casas de estudio más importante del territorio oriental no ha dejado de ser víctima del hampa organizada. Los estudiantes que hacen vida en la Universidad de Oriente (UDO), núcleo Anzoátegui se sienten cercados, y así como ellos también lo están las 400 aulas, los laboratorios y talleres donde los jóvenes se preparan para el futuro.

Al parecer llegó para quedarse y esto no está alejado de la realidad, por lo menos para el representante del Movimiento UDO7, Miguel García, quién aseguró que arrancaron el 2017 con una “fiesta” de robos que ha dejado los departamentos casi desvalijados en su totalidad.

“Cuando digo esto también incluyo el decanato donde se han perpetrado robos. Lo mismo ha sucedido en todas las escuelas. Los delincuentes no han dejado por donde no se han metido, son incontables la cantidad de veces que este año han entrado y se han llevado los equipos”, agregó.

El estudiante manifestó que el 95% de las aulas del alma máter están sin luz, y al preguntarle por la reposición de los equipos que han sido hurtados respondió. “Si no resolvemos el problema de la inseguridad, de nada nos va a servir que vuelvan a dotar las instalaciones porque al final se lo van a terminar llevando”.

El departamento de Cursos Básicos, así como los laboratorios de química, física, los talleres de mecánica, tecnología, química, industrial y petróleo han sido blanco perfecto del hampa, reseñó el vocero, tanto así que han quedado totalmente desocupadas. “Se han llevado todas las computadoras y hasta los implementos para trabajar”, comentó.

Los robos a mano armada en cualquier espacio del recinto universitario mantienen en tensión a la población estudiantil, por lo que García enfatizó que desde la organización que preside están elaborando un proyecto que servirá para hacer una solicitud a una empresa de vigilancia privada.

Dijo estar consciente de que la ubicación de nuevos vigilantes no garantizaría el cese de la delincuencia y la principal razón, explicó el dirigente estudiantil, es que estos cuidadores cumplirían su guardia totalmente desarmados. “Si entra un ladrón con un armamento lo ataca fácilmente. Pero hay que colocarle un punto final a este flagelo, porque si no llegará un momento donde no vamos a poder ni caminar dentro de nuestras instalaciones”, advirtió.

Para la decana de la UDO, María Elena Lattuca, este es un problema que ni el Estado ha podido contrarrestar teniendo a su orden todos los cuerpos de seguridad, por lo que ratificó, no se puede hablar de control.

Resaltó que el índice delictivo sí ha disminuido aun cuando aclaró no tener cifras que lo comprueben. Recordó que durante el 2009, 2010 y 2012, dentro del recinto universitario se registraban hasta ocho robos diarios. Aseguró que actualmente no se evidencian por día, sino esporádicamente, agregando que si han sucedido, a sus oídos no han llegado las denuncias.

La directiva destacó que siguen contando con el apoyo de la policía del estado Anzoátegui (Polianzoátegui) a medias, lo que significa que los uniformados aunque no tienen una permanencia importante dentro de las instalaciones, sí entran y hacen recorridos en las distintas zonas de la universidad.

La profesora detalló que en la noche apenas cuentan con la supervisión de cuatro vigilantes internos, que claramente no se dan abasto para monitorear todos los espacios.

Ante la petición constante de los estudiantes en relación a la construcción del muro perimetral, la decana aseguró que esto no solventará el problema de la inseguridad.

Recordó como en el 2009, la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu) aprobó un presupuesto para la edificación de la pared, pero los habitantes de las barriadas cercanas nunca permitieron la ejecución.

“La empresa que ganó la licitación estuvo aquí, inició los trabajos, pero los habitantes de sectores cercanos siempre tumbaron lo poco que se hacía. La Guardia Nacional asistió, intervino y ni aun así pudieron controlar a este grupo de personas”, expresó.

No hay recursos
La escasez de recursos para el financiamiento es uno de los puntos que juega en contra del ataque de la delincuencia dentro del recinto universitario- Así lo sostuvo el jefe de seguridad, José Reyes, quien destacó que esta fue una de las respuestas que recibió de la máxima autoridad, durante una reunión sostenida en el 2016.

Sin embargo Lattuca expresó que más allá de los recursos, el problema se solventará cuando se estabilice la inseguridad en Venezuela.

“La universidad está dentro del país, cuando haya un control verdadero de este delito, esto cambiará, del resto seguirán arropando no solo a nuestra masa estudiantil, sino nuestras instalaciones”, citó.

En promesa

En marzo del 2016, el gobernador del estado Anzoátegui, Nelson Moreno, colocó en marcha el plan de resguardo en la Universidad de Oriente, núcleo Anzoátegui (UDO). La misión le daba autoridad a los efectivos de Polianzoátegui a permanecer apostados en los portones del recinto universitario para resguardar toda el área perimetral y así evitar hurtos y robos.

A pesar de que los uniformados siguen haciendo acto de presencia en las afueras del alma mater, el índice delictivo no ha sido erradicado, por el contrario y según denuncias de los mismos estudiantes, asistir a clases se ha convertido en un “dolor de cabeza”, pues existe la pendencia al entrar o salir de la UDO serán víctimas de arrebatones o testigos de un saqueo.

El mandatario municipal planteó como egresado de esta casa de estudios ponerle un freno al “hampa organizada” por lo que prometió tomar acciones que evitarán repetición de este flagelo, sin embargo, hasta la fecha las palabras se han quedado en “promesas”.

El tiempo pasa y los estudiantes siguen a la espera. La carnetización obligatoria, la construcción del muro perimetral así como la identificación de vehículos y alumbrado en todos los pasillos son promesas que, según ellos mismos ya perdieron vigencia.

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