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Nuestra tendencia general es hacia la queja, tendemos a enfocarnos en lo que nos falta, olvidándonos de agradecer por las bendiciones que recibimos del Señor cada día. Lo que desata la bendición, el favor y el poder de Dios en una persona, familia y nación es el agradecimiento. Dar gracias en cualquier situación y por todas las cosas, es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús (1 Ts 5:18 NVI). Agradecer en tiempos de salud y de enfermedad, en tiempos de abundancia y de escasez, en tiempos de paz y de guerra es reconocer que Dios es bueno, que su amor es eterno y que su fidelidad no tiene fin (Sal 100:5).

Tal vez te resulte difícil ser agradecido cuando no tienes trabajo, dinero, cuando la enfermedad toca tu cuerpo o cuando la economía de tu país está en quiebra, sin embargo, es en esas circunstancias donde el agradecimiento al Todopoderoso traerá provisión y multiplicación.

De seguro recordarás el pasaje bíblico donde un niño proveyó su almuerzo a una gran multitud, el cual constaba de cinco panes y dos pescados. Pero ¿qué es esto para tanta gente?, preguntó Andrés. (Jn 6:8). ¿No es esta la pregunta que nos hacemos nosotros todo el tiempo? ¿Qué hago con tan poco, lo que tengo no me alcanza? ¿Te acuerdas lo que Jesús hizo con aquella porción de alimento? Dice la Biblia: “Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían (Jn 6:11 DHH).

Toma en tus manos la provisión que Dios te ha dado, sea mucha o sea poca, y da gracias por ella, compártela con los que tienes menos que tú y verás el poder de la multiplicación sobre tu vida. Nada te faltará. Serás saciado, comerán tú, los tuyos y los que están alrededor de ti, recogerás en sobreabundancia aquello por lo que hayas dado gracias (Jn 6:12). Cualquiera que sea la situación por la que estés pasando, ¡créele a Dios! Sé como ese niño que con un corazón lleno de agradecimiento y expectante a recibir un milagro, cedió lo único que tenía. Ese día se recogieron doce cestas llenas de los panes y los pescados que sobraron. Imagino a aquel pequeño saltando de alegría, alabando a Dios por lo que Él es y por lo que Él hace. No temas, no mires la circunstancias, agradece, porque “Mi Dios -declaró Pablo- les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús” (Fil 4:19 NVI).

@lili15daymar/Liliana D. González

 

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