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Cual mujer abusada Venezuela clama por justicia. Los hijos que ha parido con amor apasionado se enfrentan al defender su causa. Desde tierras lejanas recibe postales de aquellos que han emigrado. Ella, valiente y esforzada, seca sus lágrimas, coloca un parche sobre sus heridas, viste de luto y sigue adelante preguntándose una y otra vez: ¿de dónde vendrá mi socorro?

Independientemente de la polarización política del país a todos nos importa y nos duele. Aunque seas de derecha o de izquierda, aunque estés a favor o en contra del gobierno y/o de la oposición, ora por Venezuela. Únete diariamente a las cadenas de oración por nuestra nación.

Dios creó a todos los pueblos de la tierra con un propósito bueno, agradable y perfecto. Roguemos al Altísimo para que cumpla los planes que concibió desde antes de la fundación del mundo para nuestra amada tierra. Clamemos para que Dios pose su rostro sobre Venezuela y nos conceda la paz (Nm 6:26).

Isaías fue un profeta que intercedía fervientemente por la restauración y redención de su pueblo. Cuando él oraba, recordaba el abundante amor del Señor y todas las cosas buenas que Dios había hecho por los descendientes de Israel, eso le infundía confianza para insistir en su clamor sin desfallecer. Los que confiamos en Dios debemos orar sin descanso; no desmayemos hasta que la justicia resplandezca como la aurora, y como antorcha encendida veamos la emancipación nuestra nación (Is 62:1).

Isaías también imploraba el perdón por los pecados de su pueblo y por la desobediencia a los mandamientos del Señor. No olvidemos que Dios ama la justicia y el derecho; y que la tierra está llena de su misericordia (Sal 33:5).

Oremos sin cesar, así como una antorcha encendida puede verse desde lejos, así también la paz de Venezuela será visible a todos. Declaremos juntos la oración de Isaías: «Las naciones verán tu justicia y todos los gobernantes tu gloria; recibirás un nombre nuevo que el Señor mismo te dará. Serás en la mano del Señor como una corona esplendorosa. ¡Como una diadema real en la palma de tu Dios! Ya no te llamarán más Abandonada, ni a tu tierra la llamarán Desolada, sino que serás llamada Mi deleite, porque el Señor se deleitará en ti» (Is 62:4).

Dios hará lo que ni tú ni yo podemos hacer. Él derribará fortalezas, transformará los corazones de piedra en corazones de carne, sanará, libertará y prosperará a nuestra nación.
No desmayes Venezuela, levanta tus ojos al cielo, de allí vendrá tu socorro.

 

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Redacción El Norte
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