La dignidad de un pueblo que quiso ser pisoteada por quienes quedaron con hambre a poder hizo que no se cumpliera la amenaza del 12 de abril 2002, donde gritaron a todo pulmón en la Embajada de Cuba: “Se van a comer los cables, las alfombras, no les va a entrar comida, no tendrán luz ni agua; Diosdado Cabello y su combo, se van a morir de hambre”, todo mientras Henrique Capriles subía un paredón para entrar a terreno cubano y sus borregos destruían todos los vehículos que se encontraban frente a la Embajada.

Tal día como ayer hace 12 años, la hambruna a ser gobierno desató su furia en contra del pueblo venezolano tanto chavistas como opositores.

Todos comemos, todos tomamos agua. Pero pensaron que con uno, dos o tres meses de hambre era suficiente para derrocar al comandante Chávez. Por poco comimos cable y alfombras, pero más pudo la dignidad de seres humanos pensantes que las ganas de querer ser gobierno a juro.

Ya venían con un tiro en el ala. La derrota del 11 de abril los desmoralizó. Venían heridos de muerte. Pueblo y Fuerzas Armadas restablecieron la institucionalidad rescatando al comandante Chávez de las pirañas asesinas que siempre han querido devorar al pueblo.

Secuestro del Presidente, muertes, persecuciones, linchamientos políticos, invasión de moradas, detencines ilegales tales como la del diputado Tarek William Saab, quien fue sacado de su vivienda bajo la mirada impotente de su esposa con varios meses de embarazo.

Venían de implantar una dictadura por 48 horas donde fueron derogados todos los poderes. Pedro Carmona Estanga, con el puño cerrado en señal de victoria celebraba los aplausos por la histórica hazaña.

Uno detrás de otro firmando el acta de la dictadura; detrás de Pedro, hombres con cara de pocos amigos con fusil en mano, y al frente gritaban: “Te queremos, Pedro”. Hasta que se les hundió el barco y ustedes saben quiénes fueron los primeros en salir.

Instalado de nuevo el comandante sin tomar ninguna venganza ni represalia, llamó al diálogo y la reconciliación y todos saben cómo respondieron.

La condena a comer cables y alfombras no se cumplió, pasamos muchos ratos sin comer pero parados ahí con dignidad, con orgullo, con ganas de seguir luchando.

Nos quitaron la harina de maíz, la gasolina, el arroz, el gas, la comida, etc., pero lo más grave: paralizaron la industria petrolera dejando al país con 25.000 barriles diarios; destrozaron todo, abandonaron Pdvsa, fondearon barcos, amenazaron con volar Maracaibo con el Pilyn León.

Mientras el comandante encabezaba la lucha por el rescate de la dignidad del pueblo, los violentos leían cada tarde el parte de guerra hasta el día que el hoy prófugo de la justicia, Carlos Ortega, dijo: “Señores, el paro se nos escapó de la manos”.

No hubo aplausos, no hubo celebración. Ya derrotados todo volvió a la calma, pero siguen con las ganas de ser gobierno sin ganar elecciones.

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