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Falta de dinero ha hecho caer la visita de apostadores a centros hípicos hasta 50%


Ramón Faría sujeta su boleta de apuesta como si su vida dependiera de ello. Su mirada no se despega de uno de los tantos monitores que tiene en frente, y de a momentos niega con la cabeza como en señal de protesta.

El obrero de la construcción es uno de los fieles aficionados a las carreras de caballos, un deporte que se convirtió en parte de la “cultura” de los venezolanos. No en vano se ha desarrollado en el país durante 70 años continuos.

Sin embargo, su “escape”-como lo describe- se ha visto afectado por dos problemas que no lo dejan disfrutarlo con tanta regularidad. Uno de ellos lo afecta en otros aspectos (la crisis económica) y el otro, que confiesa no entender, son los conflictos internos dentro de la industria hípica.

“Hace dos años, por ejemplo, podía venir con más regularidad. Ahora, invertir tanto en esto se hace complicado por los tantísimos otros compromisos monetarios que se tienen, además de que el dinero no alcanza”, comenta Faría con un tono frío.

Como el barcelonés, muchos jugadores han saboreado el amargo trago de alejarse de su deporte favorito porque sencillamente no tienen cómo cancelar una de estas jugadas, las restricciones en las transmisiones de las carreras y otros impedimentos.

Las salas de envite hípico se caracterizaban por ser estancias que se llenaban con los gritos casi frenéticos de los aficionados que enloquecían mientras el galope de su caballo de preferencia buscaba la supremacía sobre otro purasangre en la pista de carreras.

En estos mismos espacios ahora reina un silencio casi sepulcral, el cual ancló allí gracias a la crisis económica del país. Y más recientemente, el conflicto que arropa a los cuatro principales hipódromos de Venezuela.

El deporte equino se está muriendo junto a los ejemplares que de inanición y abandono —y por las mafias— caen en La Rinconada. Cortesía

De acuerdo a estimaciones de Superintendencia Nacional de Actividades Hípicas (Sunahip) ente que regula esta actividad, a nivel nacional funcionan cerca de mil 500 “remates de caballos”. Estos recintos son la fuente de empleo de poco más de 22 mil 500 venezolanos, de forma directa e indirecta.

En la incipiente democracia, el 5 de julio de 1959, se inaugura en Caracas, en todo su esplendor, el Hipódromo La Rinconada. Durante 40 años, desde que abrió puertas hasta 1999, fecha en que el chavismo llega al poder, La Rinconada fue testigo de innovaciones y mejoras físicas, cruce de ejemplares criollos con importados, florecieron haciendas y haras dedicados exclusivamente a la cría de Purasangre de carrera como el Haras Monumental, Karen Sissy, La Evelynda, San Isidro, Vista Hermosa, Los Samanes, Los Aguacates y otros y se vivió un auge de la actividad.

Si se visualiza bajo una lupa, la industria hípica es un negocio que genera hasta más de seis millones de dólares diarios a escala mundial. En suelo patrio, las diferencias de quienes entre quienes gerencian la disciplina y los trabajadores y cuidadores de los caballos han tenido más poder.

El conflicto

En enero de 2016, se empezaron a encender las primeras chispas de la pugna. Desde entonces, la intermitencia de la actividad hípica ha afectado a todos los que están incorporados dentro de la cadena de ganancia.

Uno de los representantes de los caballerizos del hipódromo de La Rinconada, en Caracas, William González, explica a que las asperezas no han podido ser limadas por el desinterés de las autoridades hípicas y los dueños de los caballos.

Precisa que la paralización parcial de la actividad tiene que ver con la exigencia de los sindicatos en que se cumplan algunas de las cláusulas del contrato colectivo que especifica los beneficios contractuales de estas personas.

En consecuencia, los cuidadores de los equinos con regularidad se niegan a llevar a los animales a los entrenamientos para las carreras, además de que pasan por alto desempeñar otras tareas que son de competencia regular.

En febrero de este año, la crisis tocó un nivel más bajo, por lo que la directiva del Instituto Nacional de Hipódromos (INH) emitió un comunicado en el que insta a todos los centros de apuestas a mantenerse operativos y no dejar que el hipismo muera en el país.

Conflictos entre directivos de hipódromos y empleados de estos recintos mantiene en vilo el funcionamiento de los dos principales recintos de carreras de caballo del país. Hay22 mil 500 empleos que están en juego. Cortesía

Fernando Valentino Monsantos, director general encargado de la junta liquidadora del INH, utiliza el comunicado para instar a los dueños de estos establecimientos a que busquen la forma de que los ingresos sigan entrando.

También hace referencia a la cantidad que debe ser pagada a cada apostador que haya hecho una jugada en centros autorizados. En el documento se habla de 50 mil bolívares a un ganador que haya apostado encentro triple A en una carrera efectuada en La Rinconada.

Paliando la crisis

Los encargados de salas de apuesta hípica en la zona norte del estado Anzoátegui se han valido de múltiples recursos para mantener las puertas abiertas de estos establecimientos. Algunos de estos llevan décadas abiertos.

En el sportbook La Carbonería, ubicado en la carrera 5 de Lechería, quien está al frente del local asegura que la clientela bajó 50 % en comparación al año pasado. Señala que debido a ello, han tenido que ofertarse como un bar-restaurant.

“Ya no vienen los típicos apostadores, son realmente muy pocos. El local está negocio está acondicionado para recibir a familias que deseen comerse una pasta, tomarse unos tragos. Quien desee jugar, lo puede hacer, pero esas sillas casi siempre quedan vacías”, comenta.
En la avenida Miranda de Barcelona, el local La Mina de Oro tiene una historia similar. Su encargado declara bajo el anonimato que ya no hay tanta disponibilidad de dinero, sobre todo en efectivo, para hacer estas apuestas.

Dice que coqueteado con la idea de clausurar el centro de apuestas porque el costo de las licencias por transmisión de carreras, emisión de boletos de apuesta, entre otros, sobrepasa la ganancia.

Como en el establecimiento de Lechería, también se han apoyado en la venta de comidas y bebidas para hacerle frente al déficit de apostadores. “Antes teníamos hasta a 100 personas aquí a diario, ahora no llegamos ni a un cuarto de esa cantidad”, responde con tristeza.

Paúl Rivas González
[email protected]

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