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El tercer punto de la agenda para la Unidad Nacional que propongo se refiere a la cuestión social. Venezuela no solo está fracturada desde el punto de vista político entre los partidarios y los adversarios del Gobierno. Los venezolanos también estamos divididos desde el punto de vista socioeconómico.

Hay una minoría opulenta que cuenta con un nivel de vida comparable al de los sectores más pudientes en los países más ricos del mundo, y hay una mayoría de venezolanos que no tiene un nivel de vida digno y compatible con su condición de personas humanas.

Ese fue por cierto el tema central de la carta pastoral que produjo el arzobispo Rafael Arias Blanco el primero de mayo de 1957 y que sacudió la conciencia nacional y condujo al derrocamiento de la dictadura militarista de Marcos Pérez Jiménez.

Releyendo aquel memorable documento producido hace casi 60 años, llego a la conclusión de que hoy tendría todavía más vigencia. Si aquel formidable pastor que fue monseñor Arias Blanco resucitara hoy, pensaría que la situación social en Venezuela está todavía peor que la que el denunció con tanto coraje en 1957.

Una Venezuela con más y mejor democracia y con una economía moderna y diversificada no sería viable si no se resuelve el problema de la injusta distribución de la riqueza y de las oportunidades. Esa división profunda entre unos pocos demasiado ricos y una mayoría demasiado pobre tiene de resolverse con una política social de consenso que tenga como objetivo la erradicación de la pobreza.

Tal como lo he venido repitiendo desde hace muchos años, la estrategia para erradicar la pobreza tiene como instrumento fundamental la educación: más y mejor educación. Mejores escuelas, mejores maestros, maestros mejor pagados, mejor calidad educativa, inversiones en ciencias, en humanidades, en tecnología, en educación para el trabajo y en informática.

El esfuerzo educativo tiene que venir acompañado con crecimiento económico. No puede distribuirse riqueza sino se produce riqueza. El crecimiento económico debe generar empleo, empleos decentes, bien remunerados, estables, productivos y que contribuyan a elevar la dignidad de los trabajadores. Para salir de la pobreza, hay que recordar aquello de “enseñar a pescar en lugar de regalar pescados”.

Seguiremos conversando.

Tomado de analítica.com

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