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El gobierno de Nicolás Maduro había decidido no hacer más elecciones en Venezuela, a menos que tuviese la certeza de que las ganarías. La paliza que recibió el PSUV en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015 llevó a buena parte del gobierno a cancelar la vía electoral y ello es lo que explica las constantes demoras del CNE encabezado por Tibisay Lucena para llamar a elecciones de gobernadores, las cuales estaban pautadas para celebrarse en diciembre de 2016 y luego en el primer semestre de 2017.

Fueron pospuestas hasta que la presión de la calle y el apoyo internacional con el cual cuenta la Unidad Democrática de Venezuela, hicieron aflojar al gobierno y las elecciones fueron convocadas para el 15 de octubre, de manera atropellada y sorpresiva. Ese llamado tenía por objeto que la Unidad que venía de una lucha intensa en la calle con un costo enorme en términos de vidas humanas, optara por no participar, ante una convocatoria que literalmente no daba tiempo para ponerse de acuerdo e inscribir candidatos unitarios.

Se trata de una lucha desigual donde se enfrenta la mayoría de un pueblo que quiere cambio contra una camarilla que ha llevado al país a la ruina y no tiene pudor en usar los fondos públicos para su campaña. No se trata de dos fuerzas políticas que se miden, se trata de los candidatos de la Unidad con recursos financieros muy limitados contra la maquinaria monetaria del gobierno encabezada por PDVSA, BCV, Banco de Venezuela, Seniat, Cantv, entre otras instituciones puestas al servicio de un partido político y no del bien colectivo.

Hubiese sido un veredero suicidio político haber caído en la trampa del gobierno que lo que buscaba y busca es que no la gente no participe en las elecciones y que nosotros tomemos el camino de la aventura. Por eso quienes hoy llaman a no votar son los mejores aliados del gobierno de Maduro en esta hora menguada que vive el régimen.

El voto es el principal instrumento de cambio y esta larga lucha iniciada en marzo de 2017 comenzó con el pedido de unas elecciones que el gobierno se negaba a realizar porque sabía que las perdería. De esta manera, la mejor firma de colaborar con el rechazado gobierno madurista es llamando a no votar. En cambio, quienes se sientan agobiados por la crisis que vive el país y deseen un cambio deben motivarse y asistir a votas el 15 de octubre. Porque los próximos gobernadores no van a estar encerrados en sus oficinas, sino que serán los agentes del cambio que hoy clama Venezuela.

Redacción El Norte
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