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Da tristeza mirar a un pueblo cansado de batallar con la represión, la inflación, la escasez, la inseguridad, la impunidad, la corrupción, el desempleo, la pobreza y un sinnúmero de problemas que lo golpean sin piedad. Tal vez ese pueblo se ha preguntado si Dios lo ha abandonado.

No es así. La buena noticia es que “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (He 13:8). Sus promesas están tan vigentes ahora como en el pasado. Dios tiene para nosotros “planes de bienestar y no de calamidad, para darnos un futuro y una esperanza” (Jer 29:11). ¡Hay esperanza Venezuela! Dediquemos tiempo a la oración, a leer y memorizar versos de las Sagradas Escrituras, apropiémonos de las promesas de Dios, porque Él juró oírnos y liberarnos de los sufrimientos (Jer 29:12). Cristo es nuestro alimento espiritual.

Llena tu mente y tu boca de su Palabra para que comas del bien de la tierra. Un cristiano no niega la realidad, sino que se resiste a ser arrastrado por la corriente de las dificultades.

Es verdad que Venezuela está afrontando la crisis política, económica y social más difícil de su historia, sin embargo, sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien (Ro 8:28).

Puede que no veas salida a la crisis y sientas que debes huir o en el peor de los casos resignarte, pero no olvides que un simple acto de fe produce milagros. Mientras más fuerte sea nuestra relación con Cristo, más fuerte será nuestra defensa contra las calamidades.

Estamos viviendo tiempo de sequía, hambre y desesperación, pero Dios no es indiferente a nuestros problemas. Ruega para que el Señor cumpla su voluntad sobre nuestra nación. Ora para que Él restablezca el orden y la paz. Dios es quien cambia los tiempos y las épocas; quita gobernantes, y pone gobernantes; da sabiduría a los sabios y conocimiento a los entendidos (Dn 2:21). Los profetas de la antigüedad clamaban a la Roca para que los liberara de sus enemigos. En medio de las dificultades, David clamaba: “Mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación… ciertamente los que se refugian en ti no serán avergonzados” (2 S). Coloca a Venezuela sobre la Roca y sostente con fuerza de esta Palabra que Dios te da el día de hoy: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr 7:14).

 

¡Hay esperanza Venezuela! por Liliana D. González

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