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El Estado Islámico (EI) atacó ayer la sede de la Radio Televisión Nacional de Afganistán (RTA) en la provincia oriental de Nangarhar, donde causó 10 muertos y 24 heridos, una acción que confirma la capacidad operativa del grupo yihadista pese a haber sufrido duros golpes en las últimas semanas.

Apenas diez días después de que las autoridades afganas anunciasen la muerte del líder del EI en el país, Abdul Hasib, y a un mes de que cayese sobre un refugio del grupo insurgente la denominada “madre todas las bombas”, un yihadista se inmoló ante la sede de RTA, abriendo paso a tres de sus compañeros.

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Redacción El Norte
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