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Casi nadie niega la existencia histórica de Jesucristo, cuyo hombre se convirtió en el mesías de los cristianos al ser crucificado, muerto y sepultado para la salvación de la humanidad. Su resurrección, al tercer día de fallecer, representa la verdad, la gloria y la vida eterna para muchas personas alrededor del mundo.

Según la tradición cristiana, Jesús fue “concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”. De acuerdo a las escrituras, sus hazañas están narradas en los Evangelios redactados por algunos de los primeros cristianos.

Las Biblia describe que sus padres fueron José y María, mientras que su juventud transcurrió en la ciudad de Nazaret, en Galilea, ayudando a su progenitor en trabajos de la carpintería.

En fechas festivas acompañaba a sus padres a Jerusalén, como ocurrió a los 12 años, cuando frecuentaba el santo templo.

Cuando tenía 30 años fue bautizado por Juan “el bautista” en el río Jordán y se estableció en Capernaún, donde empezó a “predicar la llegada del Reino de Dios”.

Recorrió muchos pueblos y ciudades enseñando normas y conceptos, como el amor al prójimo, el desprendimiento de los bienes materiales, el perdón y la esperanza en la vida eterna.

Para los cristianos la muerte de Jesús representa un acto de amor, misericordia y sacrificio que es recordado por el cristianismo durante la época de Semana Santa.

1. Pasión y muerte

Su labor de evangelización fue acompañada por una serie de milagros, curación de enfermedades, resurrección de enfermos, perdón de pecados que serían intrínsecos de su naturaleza divina como hijo de Dios.

Las doctrinas y enseñanzas predicadas por Cristo tuvieron amplia repercusión entre las clases más humildes debido a sus mensajes de igualdad y solidaridad.

Sin embargo, su presencia molestó a los máximos mandatarios religiosos de Israel. Fue acusado de blasfemo al titularse hijo de Dios y perdonar los pecados. Algunos llegaron a tildarle de subversivo al pretender, según ellos, recuperar el trono de David.

Esta vinculación política de Jesús sería lo que provocó los temores de Roma, ya que en la provincia de Judea las revueltas eran habituales. Los fariseos consiguieron del procurador Poncio Pilatos la condena a muerte de Jesús.

Al ser interrogado por Pilatos, este lo halló culpable y por eso decidió dejar de la mano de la muchedumbre el destino de Jesús y Barrabás, un conocido delincuente.

Luego de azotarlo fue vestido con un manto rojo, le colocaron una corona de espinas y una caña en su mano derecha para ser obligado a cargar la Cruz con que sería crucificado.

En el camino, un hombre llamado Simón de Cirene, le ayudó a cargar la Cruz hasta Gólgota.

En la Cruz donde fue clavado (símbolo del cristianismo), los romanos colocaron un cartel que decía “Este es Jesús el Rey de los Judíos” (INRI).

A las 3:00 de la tarde, tras ser traicionado por uno de sus discípulos, Judas Izcariote, Jesucristo fue crucificado en el monte Calvario en compañía de dos ladrones.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, fueron sus últimas palabras. Tras su muerte ordenó a sus discípulos que predicaran el Evangelio por todos los rincones.

2. Resurrección

Tras tres días de su muerte, según el Evangelio. Jesús resucitó entre los muertos.

María Magdalena y otras dos mujeres hicieron el descubrimiento. Ellas vieron que la roca del sepulcro donde descansaban los restos de Jesús se había movido.

En el lugar solo estaban algunas telas blancas. El cuerpo ya no estaba. “Ha resucitado”, decían maravilladas.

Un ángel se les acercó para darles la noticia, Jesús había resucitado. También les dijo que esperaría a sus discípulos en Galilea.

Según el Evangelio de los hechos, Jesús resucitó y se apareció a los discípulos repetidas veces durante unos cuarenta días, hasta que finalmente subió a los cielos.

3. Modelo a seguir

De acuerdo al padre Eduardo Salcedo, el sacrificio de Jesús actualmente sigue vigente. Sus señales y prodigios invitan a todo cristiano a imitar su ejemplo de haberse proclamado públicamente como Mesías y morir en la Cruz para perdón de la humanidad.

“Ese acto especial es un modelo de sacerdocio a seguir. Cristo solo una vez se puso a sí mismo para que le imitáramos e hizo referencia a su Corazón: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29)”, declaró el sacerdote.

Describe que en Cristo reside toda la plenitud de la divinidad, fue enviado por el Padre para realizar el plan de salvación universal, recibiendo de él todo poder para cumplir su misión.

Además, agregó que fue ungido por el Espíritu Santo, y después de haber cumplido la voluntad del Padre, dio su vida en rescate de muchos. “A través de su muerte y la resurrección, volvió al Padre, donde reina eternamente e intercede por nosotros”, dijo.

Sobre esta realidad, relata que entre las virtudes que avalan el Corazón de Cristo, están su mansedumbre y humildad, que son la clave fundamental para expresar el amor de Dios.

Noreykis Pino C.
[email protected]

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