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La opinión pública ha centrado su atención en los pasos de la Fiscal Luisa Ortega Díaz (LOD), luego de sus declaraciones del pasado 31 de marzo sobre las sentencias 156 y 157 del Tribunal Supremo de Justicia.

La representante del Ministerio Público, con aquella denuncia sobre la ruptura del hilo constitucional y su novedosa posición de defensa del Estado de Derecho, ha reclamado para sí y sus prudentes seguidores, las banderas de la reinvindicación del chavismo como opción política.

Sin embargo, la conformación de un frente de “huérfanos” del Proyecto liderado por Hugo Chávez, no se inició el pasado 31 de marzo con las declaraciones de la titular de la vindicta pública; por el contrario los seguidores de esa religión denominada chavismo, parecen haberse dedicado a conformar e integrar tanques de pensamiento.

Esta ha sido la forma de hibernación escogida por el clan de los burócratas del chavismo, mientras esperaban el momento adecuado para insurgir en la agenda pública nacional, como alternativa al Madurismo. Por ahí dicen que no hay peor cuña que la del mismo palo.

Por supuesto que los seguidores del chavismo “puro” han probado la hiel de haber descendido del Olimpo. Es preciso recordar a un Jorge Giordani, estupefacto y titubeante, demandar ante un elemento de la Guardia Nacional protección, no por ser ciudadano, sino por haber sido Ministro de Hugo Chávez, ergo, parte de una casta que amerita cuidados especiales.

Ya el 4 de marzo 2016, Nicmer Evans escribía en aporrea.org que “Hoy Venezuela necesita dos referentes, el de Chávez histórico, debatible, confrontable y un nuevo referente político emergente, alternativo, incluyente, que sea tan o más rebelde que Chávez, que sea tan insumiso como lo fue él.”

El sector de la población que no ha sido seducido desde la muerte de Hugo Chávez, esto es, los “ni ni”, conforma una fuerza electoral no movilizada dependiente de los estados emocionales de la opinión pública, que, sumada a los números de los autodenominados “chavistas”, resulta una masa no despreciable, que se encuentra a la espera de un liderazgo que los visibilice y reinvidique.

En una entrevista, el dirigente social Roland Denis afirmaba acerca de la posibilidad de la rectificación del rumbo de este gobierno: “Ya es tarde para la crítica, este gobierno está muerto”. Y, en cuanto a las posibilidades de recuperación del “movimiento popular”, aseveraba: “Lo que puedo decirte es que la recuperación de las fuerzas populares puede tardar mucho, pero también puede venir en dos semanas porque siguen latentes las semillas de un movimiento popular gigantesco, que además tiene más experiencia, que ya no es tan inocente como lo era hace veinte años y que podría despertar en cualquier momento”.

Cabe destacar que no resulta extraño para los “huérfanos” del chavismo ser pacientes para alcanzar sus objetivos, el “Ejército Bolivariano de Liberación Nacional” fue fundado por HCF en 1977, alcanzando el poder veintiún años después; evidentemente el terrible desempeño de Nicolás Maduro al frente del Ejecutivo les ha acortado la espera.

El tercer actor necesario para romper la polarización, está presente y tiene influencias en su sector. Luisa Ortega, más allá de su desempeño como brazo político del poder, tiene una gestión que mostrar puertas adentro del Ministerio Público, y sus funcionarios la admiran por las iniciativas al “institucionalizar” la función fiscal.

Miguel Rodríguez Torres por su parte, cumplió un rol destacado en su promoción, Juan Gómez Mireles (1984), logró permanecer en la Fuerza Armada Nacional a pesar de haber participado en el ataque a La Casona el 4F, y se destacó por su combate a los grupos de “civiles armados” durante su pasantía por el Ministerio de Interior y Justicia.

Pero que nadie se equivoque, no se trata de nuevos adeptos a la MUD, los “huérfanos” tienen perfil propio y al reclamar su parcela han reseteado el tablero de juegos, comprometiendo severamente las opciones de poder real de la Mesa de la Unidad.
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Herederos de Chávez al rescate por Aimé Nogal

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