Sorpresivo el no en el plebiscito colombiano. Confieso que nunca pensé en una negativa para el acuerdo de paz entre el gobierno del presidente Santos y las Farc. Siempre di como un hecho la victoria del sí. Estaban tan seguros los protagonistas del acuerdo, especialmente el presidente Santos, que parecía imposible una negativa. Además, lo decían todas las encuestas. Volvieron a equivocarse. Aunque electoralmente hay un empate técnico, la mayoría se impuso. En conclusión, el país dividido en dos toletes iguales. Mala señal para el futuro de la lucha política en ese país. Aunque siempre ha estado fraccionada entre liberales y conservadores. Desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán la lucha en las montañas entre guerrilleros y las fuerzas militares y del orden público se intensificó y tomó carácter nacional.

Estoy seguro que el mundo consciente lamenta el resultado. Es un revés a la paz, el perdón y la conciliación. Las heridas son muchas y permanecen frescas en el corazón de los colombianos.

Una guerra que generó millones de muertes, heridos, tragedias familiares, desplazados y secuestrados. No era fácil de condonar. Recordemos a Bertolt Brecht, quien diría: “Las madres de los soldados muertos son los jueces de la guerra”. En Colombia tuvieron las madres de las víctimas de lado y lado oportunidad de enjuiciar con su voto. Aquí pudiéramos gritar ¡Qué grande es la democracia! La justicia tardó pero llegó a tiempo. ¡Los tiempos de Dios son perfectos! La otra cosa que se ve es el hecho que el pueblo se siente víctima. La nación toda se considera víctima. No obstante la baja votación –6 de cada 10 electores no votó– ganó el rechazo al acuerdo y en democracia esto es suficiente. La abstención fue alta es verdad, pero los que fueron a votar se empoderaron del derecho de los demás.

No hay duda en afirmar que el pueblo colombiano quiere la paz pero con justicia. Ha sido un pueblo muy maltratado por más de medio siglo de guerra. Los errores en política se pagan en la tierra y no en el cielo. La factura llega aun cuando llegue tarde. Derrota política de Santos.

La campaña por el no  tuvo mayor impacto y los principales medios de comunicación se aglutinaron contra el acuerdo. Esa es la otra verdad. Fue bestial la campaña que aupaba el no. Vincularon la revolución cubana y a Venezuela con la perspectiva del sí. Jugó papel decisivo el comunismo, el socialismo y Chávez. Y a Santos y su equipo les faltó una buena y efectiva campaña a favor del sí. El miedo se apoderó de la gente y prefirió negar el acuerdo.

Aquí no hubo una batalla entre la guerra y la paz fue entre el cambio y la vigencia del status quo. La mayoría de quienes votaron prefirió el establishment.

El otro aspecto a destacar tiene que ver con el efecto que tendrá en Venezuela.

Primeramente, ya es bien sabido el asunto de los desplazados por millones que se han refugiado en Venezuela. El traslado de la lucha guerrillera a la frontera, del narcotráfico, el paramilitarismo y el terrorismo. Que como es conocido tienen presencia nacional. El tráfico de droga viaja casi impune por las carreteras. Porque en realidad, esto no es un decir, todo lo que pasa en Colombia influye en la vida social, económica y cultural de los venezolanos.

Félix Cordero