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Jacinto Convit falleció en el 2014 a los 100 años de edad. Trabajó hasta los 98 años en el Instituto de Biomedicina de Caracas, el cual fundó y dirigió desde 1972

Ganar el Premio Nobel no me quita el sueño, encontrar la cura contra el cáncer sí”, fueron las más sabias palabras que inmortalizó el médico, científico e investigador venezolano Jacinto Convit, quien hoy estaría arribando a sus 103 años de vida, de no haber fallecido en el 2014 a sus 98 años de edad.

Su nombre quedó sellado en la historia de la medicina mundial en la década de los 50, con el descubrimiento de la cura para la lepra, convirtiéndose así en uno de los más respetados investigadores del planeta.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ubicada en Caracas, trabajó incansablemente por los pacientes que eran azotados por esta patología, incluso no solo buscó una solución a su padecimiento, sino también un trato más humano a quienes eran flagelados por esta enfermedad que los condenaba al encierro y vigilancia policial.

Su guerra contra este padecimiento inició mucho antes de su egreso de la UCV, cuando en el año 1937 recibió una invitación al Leprocomio de Cabo Blanco, ubicado en el estado Vargas, del también precursor de esta lucha, el doctor Martín Vegas.

Acompañado de Vegas se hizo portavoz de una campaña de sensibilización a la población en general, puesto que muchos creían que el simple trato con estas personas era motivo de contagio, lo que ocasionaba el desprecio de estos individuos sumergiéndolos en el destierro.

1. Transitar

Una vez titulado como médico internista y luego de haber realizado un postgrado en Estados Unidos en dermatología, fue designado en 1946 como jefe nacional de la División de Lepra, siendo su principal función crear una red de lucha contra ese mal.

Desde allí trabajó con un grupo de estudiantes de la facultad de medicina de la UCV, que como él mismo definió una vez “entusiasmó, animó y sumergió” en su propósito.

Durante varios años experimentaron con varias drogas, hasta dar con un medicamento que fue probado en 500 pacientes internadoss en el centro de reclusión de Vargas y otros en el estado Zulia.

A lo largo de un período de dos años estos enfermos lograron sanarse, siendo en total dos mil los beneficiados en la primera etapa de aplicación.

Aunado a este descubrimiento lograron crear una vacuna preventiva que conjugaba la inoculación del bacilo de lepra en armadillos de la familia Dasypodidae, obteniendo de esta manera el Mycobacterium leprae, que mezclado con la BCG (vacuna de la tuberculosis) otorga el efecto preventivo de la enfermedad.

Luego de la aplicación de este tratamiento y su éxito, Venezuela fue el primer país en Latinoamérica que cerró definitivamente las puertas de los leprocomios, convirtiéndose en pioneros para la erradicación mundial de este mal.

Estos trabajos le valieron una nominación al Premio Nobel de Medicina en el año 1988, y pese a que no lo ganó, en la historia mundial de la salud el nombre de Convit quedó grabado, convirtiendo así a Venezuela en centro universal para esta lucha.

La vacunación contra la leishmaniasis fue otro de los grandes aportes de este ilustre venezolano que recibió el nombramiento de la Organización Panamericana de la Salud como Héroe de la Salud Pública de las Américas.

2. Invaluable

Jancito Convit falleció a los 100 años de edad, en 2014 y trabajó hasta los 98 años de edad en el Instituto de Biomedicina de Caracas, el cual fundó y dirigió desde 1972.
Desde este centro realizó grandes aportes a la medicina endémica global, que le valieron el nombramiento en 1973 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como director del Centro Cooperativo para el estudio Histológico y Clasificación de la Lepra, cargo que desempeñó hasta antes de su fallecimiento.

Luego de este suceso, le fue concedida la Orden Libertadores de Venezuela post-mortem, en su primera clase mediante decreto presidencial.

Su vasto conocimiento lo hicieron formar parte de importantes asociaciones de salud dentro y fuera del país, entre las que destacan la Sociedad Venezolana de Dermatología y Venereología, Sociedad Venezolana de Alergología y Sociedad Venezolana de Salud Pública.

Sus logros fueron reconocidos con las más importantes órdenes dentro y fuera de Venezuela, entre las cuales figuran la condecoración con la Legión de Honor, la más alta distinción honorífica de Francia, Premio José Gregorio Hernández y Medalla Federación Médica Venezolana.

Con motivo del centenario de su nacimiento en el 2013, fue aprobado en el seno de la Asamblea Nacional, un proyecto de reconocimiento por su obra y vida.

Pese a todos los reconocimientos y apoyos al área médica, Convit partió sin cumplir su más anhelado deseo, lograr la cura contra el cáncer, situación que el mismo científico catalogó como aquella que le quitaba realmente el sueño, en referencia a un posible otorgamiento del Premio Nobel de Medicina.

Muchos rumores corrieron en todo el territorio nacional acerca de que este ilustre venezolano había dado con la cura de este mal que actualmente afecta a gran parte de la población mundial, según datos de la OMS, pero su tratamiento de inmunoterapia solo alcanzó la fase experimental, quedando adormecidas las esperanzas de muchos que aguardaban por el éxito de esta propuesta.

3. Vida familiar

En 1946 el genio de la medicina se casó, a sus 33 años de edad, con Rafaela Marotta D’ Onofrio, una caraqueña de origen italiano con quien tuvo cuatro hijos varones, de los cuales viven Francisco Convit, empresario radicado en Caracas, dedicado a la actividad agropecuaria y quien ha tenido una destacada trayectoria en el hipismo poseyendo un stud y haras, afición y propiedades que compartía con su padre.

El cirujano plástico Rafael J. Convit, quien reside en Washington DC y el doctor Antonio Convit, profesor e investigador de la Universidad de Nueva York, son los descendientes de Convit.

Su hijo Oscar Convit falleció en el año 1978 y su esposa en el año 2011.

Jakelín Cotorett
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