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Tuvo su esposa con la que vivió por 26 años y procreó cinco hijos. Sin embargo se separó de ella y desde hace 14 años vive con otra mujer en la calle 


Resguardándose de los rayos del sol debajo de un árbol a las afueras del mercado municipal de Puerto La Cruz, pasa la mayor parte del día José Malavé.

A simple vista parece un caletero, pero su trabajo es otro: cuidar los carros de los visitantes en un horario comprendido entre las 10:30 de la mañana y las 2:00 de la tarde.

Con la ropa sucia y algo vieja, varias cicatrices en su cuerpo producto de los embates de la vida, este hombre de 52 años de edad, pernocta desde hace 18 años en su mismo lugar de trabajo.

“Tengo mi pareja que se llama Del Valle Calderón. Con ella duermo dentro del mercado sobre cartones, pero teniendo cuidado de la lluvia porque nos mojamos y de las ratas que nos pueden morder”, narró.

Infancia marcada

Malavé nunca conoció a su padre, debido a que este falleció a los 27 años de edad tras una cirrosis hepática, siendo él tan solo un bebé.

Estudió hasta sexto grado y se fue de su casa a los 13 años
Estudió hasta sexto grado y se fue de su casa a los 13 años

Con la mirada fija en el horizonte, contó que cursó solo hasta sexto grado de educación básica.

“A los 13 años me fui de casa. Viví una juventud de vicios y de locuras. Tuve una pareja con la cual duré 26 años, pero no pudimos seguir por problemas con nuestro hijo mayor”, expresó.

De esa relación, el cuidador de carros tuvo cinco hijos, y ahora es abuelo de 23 jovencitos.

“Mi hijo mayor se fue por malos pasos, como yo no quería que pasara lo mismo que yo pasé lo regañaba mucho y su mamá lo protegía y consentía. Por eso decidí separarme”, añadió mientras saludaba a un transeúnte que pasaba.

El hombre expresó con tristeza como su vida cambió desde ese momento.

“Mi mujer se fue de la casa y me dejó a mis dos hijos menores. Me sumergí en la bebida y lamentablemente como no cuidaba de mis hijos, la hembra quedó embarazada con 13 años de edad”, indicó.

Vida en penumbras

Cuando tenía 14 años en la calle, conoció a la que ahora es su compañera de vida. Sin embargo, Malavé explicó que no ha sido fácil mantener la relación.

“Su familia no me quiere. Hasta lograron meterme preso por un año y cuatro meses alegando que supuestamente yo había cortado a mi princesa. Eso fue mentira, los jueces se dieron cuenta y me dejaron en libertad”, expresó sonriente.

“Yo he hecho muchas cosas por ella y ella por mí. De verdad que no podemos estar separados. Lo que más quisiera es tener aunque sea una casita para poderle dar todo lo que se merece”.

Malavé es impaciente. Mira hacia sus lados a ver quien se aproxima. “Yo tengo que estar pendiente de que no vengan y me hagan daño”, explicó al contar que debe presentarse en los tribunales de Barcelona cada 15 días, pues los parientes de Del Valle no han retirado la denuncia que pusieron en su contra.

Urge por ayuda

“No voy a ocultar que tomo alcohol casi todos los días y que me fumo mis cigarros, pero no le hago daño a nadie”, resaltó.

Con lágrimas en los ojos expresó las penurias que debe pasar para alimentarse.

“Mi esposa y yo comemos con lo que me dan por cuidar los carros y lo que ella puede conseguir dentro del mercado”, afirmó.

Ropa, calzado y trabajo son algunas de las peticiones de este hombre.

“Lo único que necesito es que me den un trabajito o que me pongan a cuidar una casita, no importa que no me paguen, pero donde yo pueda vivir tranquilo con mi chica”, finalizó.

Con un par de amigos

José Malavé y su mujer, una joven llamada Del Valle Calderón conviven con otras dos personas, que al igual que él, están en situación de calle y pasan la noche dentro del mercado municipal de Puerto La Cruz. Asegura que duerme sobre cartones.

Patricia Aponte/ECS
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Redacción El Norte
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