La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que nuevamente ata de pies y manos a la Asamblea Nacional (AN), el anuncio de Tibisay Lucena con relación a las vacaciones colectivas para los trabajadores del Consejo Nacional Electoral (CNE) y la prórroga del decreto de emergencia nacional dictado por Nicolás Maduro, son claras invitaciones que el gobierno hace para la confrontación.

Cuando aún los asientos, alrededor de la mesa de diálogo estaban calientes, empezó la cadena de informaciones emanadas desde la cúpula del gobierno que evidenciaban el poco ánimo oficial para el entendimiento.

Mientras los demócratas estaban cumpliendo con los pasos acordados, como por ejemplo la desincorporación, en este caso voluntaria, de los diputados de Amazonas para destrancar el juego y llamar a elecciones nuevamente en este estado, el oficialismo arremetía ferozmente a través de las instituciones que aún controla.

Nicolás Maduro irrespeta nuevamente al parlamento y sobre todo se burla de la voluntad mayoritaria de los venezolanos que eligieron una mayoría opositora en la Asamblea Nacional, esta actitud es una muestra de qué clase de diálogo y solución a la crisis persiguen en Miraflores.

La sentencia del TSJ, producto de un recurso interpuesto por un procurador cuestionado políticamente, es violatoria de la Constitución y forma, junto con la desincorporación de los legisladores de Amazonas, un hecho sumamente preocupante. Con el cese de funciones de los asambleístas desincorporados la oposición queda momentáneamente sin las 2/3 partes de la legislatura, y junto a la medida judicial ya aludida la AN queda mocha y sin funcionalidad de hecho.

¿Y esto es parte del diálogo? En lo personal no creo que ninguno de los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se prestara para semejante canallada contra la sociedad nacional.

Es muy difícil actuar como caballeros ante una pléyade de bribones que se han caracterizado por el afán totalitario, la mezquindad política y la autocracia ya no como modus operandi de gobierno, sino como forma y concepto de vida.

Y es que, los demócratas debemos dejar la candidez que hasta la fecha nos ha caracterizado y entender, de una vez por todas, que el rival al cual nos enfrentamos juega sucio y parece no tener ningún tipo de remordimientos. Es más, me atrevería a decir que existe una epidemia patológica dentro de las filas oficialistas.

Ahora bien, los voceros de la MUD tienen que aprender que desde Miraflores no están “jugando carrito”, por el contrario ellos se están jugando el pellejo en este momento, porque los rojo, rojitos tienen mucho que perder. Nicolás Maduro, Elías Jaua, Diosdado Cabello y todos los demás están claros en lo que quieren, que no es otra cosa que mantenerse en el “coroto” el mayor tiempo posible; y ¿desde la Unidad saben lo que quieren?

Es el momento que los líderes salgan a asumir su rol protagónico en la mesa de diálogo.

Creo que la inmensa mayoría de los venezolanos se sentirían más representados con Henry Ramos Allup, Henrique Capriles, María Corina Machado, y las esposas de Leopoldo López y Antonio Ledezma, Lilian Tintori y Mitzi de Ledezma, que con cualquier otro enviado de la Unidad.

José Dionisio Solórzano