Antonia Carrizo espera que futuras generaciones aprendan el arte de ganarse el pan reciclando


Montañas de basura que arden con el resplandor del sol, cientos de alimañas que merodean en busca de algún bocado y un nauseabundo olor que pone a prueba el estómago de cualquiera, forman parte de la cotidianidad de Alfredo Guarache.

Y aunque el panorama suene desagradable, este barcelonés de 32 años dice que encontró la mejor alternativa de sustento para su esposa y ocho hijos en un espacio en donde muchos se sentirían incómodos.

Guarache cuenta que hace 10 años se cerraron demasiadas puertas laborales frente a él, por lo que decidió replantear su estrategia y aprender innovadoras técnicas dentro de su entorno, por lo que se acercó al vertedero de Cerro de Piedra, ubicado en la zona rural del municipio Simón Bolívar.
“Soy bachiller pero aprendí a hacer todo tipo de oficios. Sin embargo, ir hasta Barcelona no siempre fue la opción más viable por la distancia y con el tiempo fui aprendiendo un poco más del reciclaje”.

Admite que hace una década no tenía muy claro en qué consiste el tema de la reutilización de materiales como el plástico o el cartón, pero que gracias a la orientación de algunos vecinos se acopló.

basura-de-cerro-de-piedra-10Señala que para obtener estos recursos se debe poner en marcha varias tareas, y que el proceso se puede extender hasta cuatro días solo en su primera etapa. Menciona que todo inicia con la recolección de la basura, su separación, posterior descontaminación y trituración.

“Los camiones traen la basura, y hablamos de muchísima basura. Entonces nos toca ir buscando de bolsa en bolsa a ver qué hay, sacarlo y llevarlo en carretas”, alega.
El trabajador asegura que esta tarea fuera más sencilla si en la región existiera la cultura de separación de desechos como se hace en grandes ciudades del mundo. “Cuando buscamos encontramos que hay plástico con vidrio, papel, etc, y hay cosas que no se pueden mezclar”.

Los conocimientos que Alfredo Guarache maneja hoy en día los aprendió sobre la marcha, en una época en la que la práctica fue su única maestra. Destaca que en un principio hacía este trabajo por obligación pero que ahora le tomó cariño.

El compromiso con su familia llevó al residente del sector El Ciruelar a vincularse con la conciencia ambientalista, la cual ahora le permite manejar procesos y términos que antes desconocía, pero que considera necesarios para el cuidado de la Tierra.
En un principio todos los desechos eran igual para él, hasta que aprendió a separarlos, clasificarlos y logró entender cuáles son los usos posteriores de cada uno.

“Por ejemplo, los envases de champú, de los jugos o los que contienen aceite para carros están fabricados con un plástico soplado, que tiene una composición específica que los hace más duros, mientras que las botellas de refresco son de plástico PET”, describe Guarache.

basura-de-cerro-de-piedra-2Todo el esfuerzo de un mes le permite a Guarache sacar hasta 200 toneladas de plástico o cartón, los cuales son procesados con una máquina especial que los muele, compacta y empaqueta.

El proceso completo se da dentro de una cooperativa muy cercana a su casa en la que muchos de los lugareños van a lo mismo y estas personas les cobran una pequeña porción a los recicladores por usar la maquinaria.

“Un kilo de cartón te lo pueden comprar en Bs. 10 y el de plástico casi 50. La ganancia no se ve tan buena de entrada pero basta con esforzarse un poquito para obtener más”, apunta.

Toda una vida

Quienes llegan a la casa de la señora Antonia Carrizo se sorprenden al ver la gran cantidad de plástico que tiene apilado en su patio. Mensualmente logra recolectar hasta dos toneladas, las cuales son ofrecidas a los compradores.
Con una sonrisa comenta que no lo recoge todo ella sola, sino que esto se convirtió en un negocio familiar que data de hace 12 años. Añade que sus hijos y hasta nietos están involucrados en el proceso.

Como Alfredo Guarache, Carrizo también vive en las inmediaciones del vertedero de Cerro de Piedra y fue allí donde encontró la oportunidad de mantener a sus seres queridos al tiempo que contribuye con la conservación del ambiente.
La barcelonesa de 52 años declara que no solo recogen lo que llega al botadero sino que con un pequeño camión que tienen, recorren partes de Barcelona, Lechería y Puerto La Cruz para traerse cualquier cosa que sea de plástico.

“En la zona norte es más fácil recoger el material porque no está del todo contaminado. Claro, aquí en el vertedero llega más pero hay que tratarlo con más cuidado porque viene mezclado con basura”, aduce Carrizo.

basura-de-cerro-de-piedra-28A Carrizo le compran el plástico en bruto por 25 bolívares el kilo, el cual luego es transformado en nuevos productos por empresas procesadoras que prefieren comprar este tipo de materiales antes que fabricar nuevos.

Revela que ha aprendido a hacer objetos con el plástico, como candelabros, portavasos, flores decorativas y otros artículos de decoración que por lo general se ha dedicado a regalar a vecinos y parientes.

Contaminación

De acuerdo con estadísticas que maneja la empresa de reciclaje Repaveca, cada venezolano produce cerca de 1.5 kilogramos de basura a diario. Asimismo, exponen que de todos los desperdicios que llegan a vertederos del país, la mitad son vidrio, cartón o plástico

Paúl Rivas González
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