Los niños en las escuelas ahora son individuos conscientes del problema y que saben las posibles soluciones


Diego Molina asiste todos los días a clases de punta en blanco, motivado por ese impulso casi primitivo del ser humano que le obliga a saciar la necesidad de obtener conocimientos constantemente.

La curiosidad del pequeño de 8 años, quien cursa el 4º grado de educación básica, le ha permitido manejar de forma plena y consciente conceptos como conservación o reciclaje.
“Sé que debo apagar los aparatos que no están en uso en mi casa, que el agua no debe malgastarse, y que el material de desecho puede ser aprovechado para otras cosas”, comenta el escolar.

El testimonio del niño es prueba de algunos de los avances que se han realizado en materia ambiental dentro de la sociedad venezolana, abordando precisamente uno de los pilares fundamentales de la sociedad, la educación.

Y es que el tema de conservación es un tópico que se trata con absoluta naturalidad en instituciones educativas públicas y privadas del país, enfocándose en la urgencia de formar ciudadanos comprometidos con el planeta.

Cortesía
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En las instalaciones de la escuela nacional Grupo Chile, ubicada en Barcelona, donde estudia Diego, hay muchos más testimonios de cómo este plan se desarrolla en recintos escolares de la zona.
En los espacios del lugar se observan carteleras, murales e incluso un pequeño huerto donde los estudiantes están en contacto con el proceso enseñanza-aprendizaje, el cual luego divulgan en sus respectivas comunidades.

La directora del plantel, Paulina Ricci, señala que los más de mil 300 niños que allí estudian han aprendido de una manera didáctica a tener sentido de pertenencia con su entorno y a respetar a los demás seres vivos que los rodean.

“En las aulas los hemos enseñado a ahorrar energía eléctrica, agua, así como a reutilizar el plástico, el cartón e incluso el vidrio. Ellos han elaborado adornos para los salones y detalles para ocasiones especiales”, sostiene Ricci.

Apunta que la intención de estas tareas obedece alpropósito de estimular un sentido conservacionista en los infantes, tomando en cuenta todas las alarmas que han sido encendidas a nivel mundial por el tema ambiental.

“Los niños son el futuro del país, y además de aprender, se divierten porque la mayoría de las asignaciones que tienen los mantienen entretenidos y no se hacen tediosas como en cátedras de regular aprendizaje”, asegura Ricci.

En la unidad educativa José María Vargas, también en Barcelona, las plantas crecen gracias al amor y cuidado de unos 500 pequeños que crearon un modesto vivero en la entrada de la institución.

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Sus conocimientos en la materia quizá no sean muy vastos pero a los niños se les ha enseñado el sentido de la responsabilidad y la constancia, valores que no solo les servirán para ser ecologistas.

La docente Mayra Rodríguez manifiesta que durante el año escolar se plantan árboles como los chaguaramos, y que los estudiantes son los encargados de su mantenimiento y crecimiento.

“Es un proceso muy bonito porque los ves entusiasmados por su planta, la cual está identificada con sus nombres y que cada quien le regala su cariño con cada riego y cada cuidado”, sostiene la educadora.

Pero estos conocimientos no son exclusivos de estas dos instituciones, ya que en el estado Anzoátegui son cerca de mil 318 planteles públicos y privados que ponen en práctica actividades orientadas a la ecología.

Rubèn García
Rubèn García

Multiplicadores

La directora de la Zona Educativa de la región, Carmen Castillo, asegura que la “educación conservacionista” llega a más de 397 mil niños, niñas y adolescentes, quienes eventualmente podrían impactar a un millón de personas.

Paúl Rivas González
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