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Encontrarnos con nuestro yo interno, vivir una vida alegre, servir a nuestros hermanos a través de una actividad y vivir un proyecto de vida según el plan de Dios, requiere de mucha oración y reflexión personal.

La oración es el alimento del alma. Es la manera más sencilla y eficaz de ponernos en contacto con Dios. Es la vía más directa que nos lleva al encuentro con nosotros mismos. Es entrar dentro de uno mismo y buscar a través de ella, la fuerza, alegría y el entusiasmo, para continuar transitando hacia el plan de vida que Dios nos encomendó.

Las personas necesitamos un poco de oración personal, que nos permita valorarnos y valorar a los demás. Estamos anhelando para el bien de nuestra sociedad, un poco de oración comunitaria, para recuperar nuestros valores, y en especial los valores espirituales que hemos perdido. Necesitamos un encuentro personal con Dios, que nos permita reactivar nuestra vida interior, y nos ayude a valorar la vida por lo que es, un don maravilloso, que nos proporcione luz para seguir caminando por esta sociedad que a menudo se oscurece.

La oración es fundamental para nuestra vida, y es urgente que lo descubramos, solo así podemos comenzar a darle el verdadero valor a las cosas.
Jesús les enseñó a sus discípulos la necesidad de orar siempre, sin desanimarse jamás

(Lc 18, 2 – 7): “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba nadie.

En esa misma ciudad había una viuda que vino donde él a decirle: ‘Hágame justicia contra mi adversario’. El juez no le hizo caso durante un buen tiempo. Pero al final pensó: ‘Aunque no temo a Dios y no me importa nadie, esta viuda me molesta tanto que le voy a hacer justicia; así ya no volverá a romperme la cabeza’”. Y el señor dijo: “¿se han fijado en las palabras del juez malo? Ahora bien, ¿Dios no les hará justicia a sus elegidos si claman a Él día y noche, mientras Él demora en escucharlos?”

Jesús conoce nuestras necesidades, y sabe la necesidad que tenemos de orar, porque nos acerca a la realización espiritual. Coloca la oración como algo fundamental, como un alimento necesario para el alma. Nuestra vida interior depende única y exclusivamente del contacto que tengamos con Dios a través de la oración, y ese contacto nos llevará poco a poco a un enriquecimiento espiritual, útil para lograr la serenidad que tanto anhelamos.

Amigo lector, me voy a permitir recomendarte un ejercicio muy sencillo, que puedes realizar diariamente. Cada mañana cuando despiertes, al abrir tus ojos, eleva una oración a Dios, agradeciéndole por haberte permitido amanecer vivo, por amanecer cerca de tus seres queridos, por darte nuevamente la oportunidad de ver a tus amigos, compañeros de trabajo, familiares cercanos y desde ese momento coloca todas tus cosas en sus manos. Este pequeño detalle diario, te ayudará a enriquecer tu vida interior.

Roco J. Mendoza.

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