Nuestros ojos se han posado sobre los parajes más deslumbrantes en una región que vibra al son de su costa y su sol incandescente, pero solo basta con observar la biodiversidad que ofrece para impregnarse de ella


Recorrer el estado Anzoátegui supone sumergirse en una diversidad de paisajes que parecen haber sido dibujados por el mejor pincel. Solo basta con pasear por sus rincones más emblemáticos para constatar tal afirmación.

Los casi 3 mil kilómetros de mar Caribe que bordean la región estallan en colores cada vez que el sol se posa con vehemencia en un horizonte que en algunas zonas parece no tener final, al tiempo que las verdes montañas se alzan con vanidad hasta el cielo.

Y aunque en la región existen zonas protegidas, las prácticas turísticas de muchos viajeros nacionales e internacionales no han sido del todo las más adecuadas para preservar uno de los tesoros del oriente venezolano.

Es por ello que el turismo ecológico ha ido cobrando fuerza en la entidad, gracias al impulso de organizaciones proambiente y empresas encargadas de la actividad turística en todo el estado.

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Este concepto es avalado por personas como Chelo Nogueira, una incansable defensora de la biodiversidad, y quien está al frente de la fundación La Tortuga, una organización con sede en Lechería.

A su parecer, muchísimas personas que viven en la zona ignoran los pequeños tesoros que esconden nuestras maravillas naturales, por lo que es preciso poner la vista de muchos en un telescopio para mirar más allá.

Desde finales de junio de este año, la ONG que preside Nogueira ha puesto un pequeño bote a disposición de 16 personas semanalmente, que zarpan ávidos de zambullirse en un mundo de conocimientos naturales que hasta entonces desconocían.

El proyecto Museo vivo Mochima, no nació como paquete turístico sino como cátedra teórica-práctica para que las personas sean testigos de uno de los biomas marinos más extraordinarios del mundo.

Precisamente son biólogos quienes ofrecen una preparación previa a los viajeros para que una vez en mar adentro, sean capaces de identificar desde esponjas marinas y corales hasta peces y una variedad de flora que yace en las profundidades.

el-faro-1-17Nogueira cree que una vez que las personas son testigos de tal belleza, su chispa ecologista se dispara y de inmediato se convierten en una suerte de agentes defensores de un entorno que podría desaparecer por prácticas irresponsables.

Este tipo de turismo alternativo también se desarrolla en los espacios de la laguna El Maguey, una zona natural de Puerto La Cruz que ha soportado años de indiferencia por parte de sus habitantes.

El reconocido ornitólogo Eugenio Marín (especialista en aves) ha estado al frente de recorridos por el lugar, en los que los presentes han sido capaces de avistar al menos 15 especies diferentes de aves en apenas dos horas.

La presidenta de la fundación de la Tortuga hace énfasis en lo bello que nos rodea y en la ceguera de miles ante esta realidad. Destaca que preparan rutas similares en zonas como el cerro El Morro y la laguna Rómulo Gallegos, ambas en Lechería, así como la ribera del río Neverí de Barcelona.

Con cierta fascinación explica en todos estos sectores es posible encontrar una rica diversidad de fauna y flora, la cual considera necesita reconocimiento, para que así seamos capaces de comprender su importancia y atesorarla.

Embajadoras del viaje

La periodista Adriana Herrera es una viajera empedernida que ha estado entre el bullicio de ciudades cosmopolitas como Nueva York o la serenidad de naciones como Malta, ubicada en el mar Mediterráneo.

Los ojos de la escritora de la cadena internacional National Geographic se han convertido en su mejor cámara fotográfica, en un recorrido por diversas regiones que han avivado su gusto por los viajes.

playablanca_1200x800Herrera cree que en Venezuela el concepto de turismo ecológico no va de la mano con los viajeros porque aún no lo comprenden. Sin embargo, está convencida de que muchas empresas dedicadas a esto lo ponen en práctica.

Señala que en otros países del mundo, el turismo ecológico se ha convertido en un modo de vida tan estricto, que los viajeros se limitan a desplazarse en bicicleta e incluso a pie para no crear un impacto negativo en el planeta.

El nombre de la periodista Valentina Quintero es prácticamente un sinónimo de turismo en Venezuela, esto gracias a una larga trayectoria en la que puso en el ojo público hasta el pueblito más recóndito de la nación.

Quintero cree que el turismo ecológico necesita más impulso e hincapié en Venezuela, pero considera que en la región de los Andes se está haciendo un trabajo maravilloso en relación al tema.

En cuanto al oriente del país, Quintero suspira al recordar la laguna de Uchire, ubicada en la población de Boca de Uchire, al noreste del estado Anzoátegui. Su memoria la lleva a esta zona por las perfectas condiciones que tiene para el avistamiento de fauna y la belleza de sus parajes.

Precisa que la observación de aves en las posadas de la localidad es lo que más se disfruta, cuyo vuelo elegante se desvanece a lo lejos entre el vaivén de las olas durante esos atardeceres que se dibujan con vivos colores sobre el cielo.

Quintero no aparta de sus recuerdos lo que alguna vez vio en el pico del Turimiquire, entre Anzoátegui y Sucre, además de los Farallones de Chimire, al sur de la entidad. Sugiere que sean zonas donde se desarrollen más proyectos enfocados en el turismo ecológico.

Paúl Rivas González
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