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La palabra no es mencionada. No aparece en el discurso. La palabra desaparecida es cultura, la que, para simplificar, remitiremos a la antropología o a la sociología, para no entrar en berenjenas.

Cultura es clasificar y representar la experiencia con símbolos, la clasificación de las experiencias y el actuar creativamente. Es difícil esto de la palabra cultura, pues suele escaparse de los moldes y hacerse cultura, es decir, inatrapable por un lenguaje que no prioriza. Así, si con Max Weber definimos al hombre como un animal que teje sus propias tramas de significación, pues entonces la cultura está hecha de tramas, de significados.

Aquí no se usa la palabra cultura porque no se busca. El que no busca, no encuentra. Ni identidad ni pensamiento ni resultados prácticos. Esto último implica dar significados a la realidad circundante. Cierto es que Pablo Picasso solía decir: “yo no busco, yo encuentro”, mas no hablamos de arte sino de sociología, antropología y política. Picasso se contradecía. Encontrar sin buscar es un azar.

La palabra no es usada, ni practicada, porque debemos precisar que la palabra se practica. Se cuela subrepticiamente por la dolorosa caída de un muchacho violinista, pero se evapora con tal rapidez que uno vuelve a asentirla como la palabra de nunca. Se le recuerda como el objeto producido, pero no se asoma como la construcción interior de una nación. Es demasiado la palabra cultura. Implica maneras de percibir, de valorar, de expresar afecto o desafecto. Contiene saberes, implica la forma de organización social y una concepción del mundo.

Hay que usar la palabra exiliada porque con ella es que podemos entender, interactuar, reconstruir una sociedad, entendernos como tal en proceso, atinarnos como cuerpo social en evolución posterior a la caída. Levántese la palabra cultura. Resucítese.

Hay que restaurar el lenguaje. Hay que reponer el valor del deber ser. Hay que adecuar las normas a nuevas concepciones de vida y de organización política. Uno encuentra, sí, pero en el territorio donde estamos hay que buscar, porque en los intríngulis de lo social la anomia devasta, la anarquía devora y la inmadurez aplasta.

Se busca a la palabra cultura. Se ofrece recompensa por la palabra cultura.

La palabra de nunca por Teódulo López.

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Redacción El Norte
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