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Experto aclara que las personas descapitalizadas son quienes “invierten” su dinero en juegos económicos con la esperanza de multiplicar dividendos


Creí que sería mi salvación y se convirtió en mi ruina”. La periodista Yénifer Flores invirtió tres mil bolívares de los cinco que guardaba en su cuenta bancaria. Acosada por la angustia que le produce la situación económica y con la ilusión de multiplicar mágicamente lo poco que tenía, decidió arriesgarse para conseguir dinero fácil. Pero le costó caro.

Hace poco más de dos meses, Flores jugó un telar de la abundancia. Un viejo método inspirado en los esquemas y principios piramidales: captar el dinero de muchos y repartirlo a unos pocos. Ella y otras seis personas, incluyendo amigos íntimos a los que había invitado a participar, perdieron 21 mil bolívares en total y al menos dos semanas de su tiempo. Mientras que solo dos jugadores ganaron la multiplicación prometida: Bs. 24 mil.

A pesar de todo, le resultó ser una buena experiencia si se compara con las de personas que han perdido hasta 800 mil bolívares en estos juegos que prometen ser redentores financieros. Pero Flores no se siente estafada. Desde el principio le explicaron con claridad los procesos: los miembros deben reclutar a más personas que aporten dividendos para que el resto pueda rotarse.

El equipo no logró conseguir más jugadores. Sin embargo, admite que jugar a codo con personas cercanas le dio una falsa sensación de que su dinero estaba en buenas manos. Que sin importar lo que pasara, tendría retorno seguro, y aún mejor, redoblado. Creyó que los lazos afectivos entre los miembros le garantizaría el éxito. No se detuvo a entender la espiral a la que estaba ingresando y las consecuencias que traería.

“Más fueron las ganas de multiplicar mi dinero porque estaba súper pegada. Eso es lo que está motivando a la gente a caer en este tipo de cosas: la situación país. Uno de los integrantes se metió para reunir y comprar las pastillas de la diabetes de su papá (…) (pero ganar) no es sencillo. Tienes que vender el telar y tener la habilidad de convencer a la gente para que ingrese”, asegura la joven.

El engaño también es una práctica recurrente. Tomás Coa, quien ha participado como líder e integrante de los telares en al menos nueve ocasiones, relata que la mayoría de los que captan nuevos socios obvian de su discurso persuasivo las advertencias de pérdida. Mucho menos se hacen responsables del dinero malgastado. Las reglas no contemplan la devolución de dinero.

Lo que lo hace el proceso más turbio son los canales que utilizan para las negociaciones. Nada es personal. Aunque las personas se conozcan o no entre sí, los avances se van comunicando a través de las redes sociales. Lo influencia también que en el proceso pueden participar personas que habiten en sitios remotos.

Suele predominar el uso de la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp. Aunque también se difunden invitaciones en Facebook y Twitter. De hecho, ocho de cada 10 afiliados aseguró haberse enterado de los telares en publicaciones de internet.

“Esto es por WhatsApp. Si pierdes el contacto, pierdes todo. Aquí dependes mucho de las demás personas. Son 14 que están en juego mientras uno solo cobra. Sin embargo, no lo veo como una estafa. Si explicas bien cómo es la dinámica, es una ayuda (…) yo he cobrado 210 mil de ganancia neta y estoy en otros cuatro telares que están paralizados desde hace meses. Para ser parte de esto tienes que tener labia y carisma”, sentencia el también estudiante de la Universidad de Oriente.

Las experiencias de ambos socios concluyen lo mismo: el juego no puede considerarse una estafa a menos que la persona haya sido engañada para ingresar sin la más mínima intuición de lo que trata. Aunque aceptan que esa suele ser la regla, hacen la salvedad que para ninguno de los dos fue el caso.

Cómo funciona
La promesa inicial es que se recibirá ocho veces más de lo que se invierte. Pero en realidad, uno gana y ocho pierden. Esta es la única regla implícita del telar de la abundancia. En este tipo de negociaciones, se juega con el dinero y los miembros, que son considerados fuentes infinitas.

En el portal web Esceptica.net, un estudioso de la ciencia que se identifica como Javier explica la dinámica de manera sencilla: el aporte de muchos va a las manos de unos cuantos. Si ocho personas están dentro del sistema como donantes y cada una aporta un bolívar, habría ocho bolívares en total. Existen siempre tantos bolívares como miembros.

Esto se traduce en que ocho miembros recibirán ocho veces su inversión siempre que otras 64 lo aporten. Ese cálculo no sería problema si la matemática se basara en las premisas del juego: los donantes serán infinitos porque además de tener el respaldo de una población mundial que pareciera nunca acabarse, cada asociado también puede repetir el ciclo de inversión cuantas veces lo desee.

Pero ese argumento podría resultar sesgado. Aún si todo el juego andara a la perfección hasta llegar al último humano en la Tierra, si esa sola persona se negara a participar, las pérdidas serían incalculables. Además, esto deja por fuera cualquier cantidad de factores sociales, económicos, culturales que influyen en que los sujetos decidan asociarse o no a los telares.

“Si los telares juntaran siempre la gente necesaria, el número de personas requeridas para mantener el sistema hace mucho que superaría el número de personas en el planeta dado su crecimiento exponencial (siempre se va multiplicando por dos o algún otro factor mayor a uno).

La razón por la que hay sistemas piramidales funcionando de manera continua es que en la vida real fallan con bastante frecuencia. Muchos telares nunca se logran, así que el número de personas necesarias en total nunca crece tan rápido. Irónico, existen porque no funcionan de forma perfecta a un nivel muy humano”, advierte el científico.

No solo las matemáticas están en contra, también las leyes. El economista José Casique recuerda que no existe ningún tipo de legislación al respecto. No hay acuerdos jurídicos ni tampoco entes que garanticen una transacción exitosa. Mucho menos dónde reclamar desvío de capitales o posible fraude.

Aunque Casique ve con tristeza que los venezolanos acudan a sistemas tan pocos confiables para enmendar billeteras destrozadas, recomienda que sustituyan estas prácticas con solicitudes de tarjetas de crédito que sí ofrecen garantía. Vender activos en caso de aprietos o comprar monedas duras para revalorizar el dinero también es una opción.

La premisa para todos es cuidar el flujo de caja personal. Sugiere que en el caso Venezuela, las personas lleven un presupuesto detallado de los ingresos y egresos mensuales. Apartar las distracciones e incluso el entretenimiento también se consideran obligaciones entre tanto déficit de patrimonio activo.

Un sistema espiritual
Grupos feministas y espirituales. Así se concibieron los primeros telares o flores de la abundancia en México y varias naciones americanas. Mujeres reclutaban a otras mujeres para crear una especie de hermandad “fundamentada en la confianza y el amor” que pretendía que “el sexo débil” se empoderara de sus propias finanzas.

Los testimonios recabados en distintos espacios virtuales divulgan las formas. Con la promesa de que el universo les devolverá todo lo que den con intenciones desinteresadas, persuaden a féminas para que aporten su dinero sin preguntar cómo se les será devuelto con ganancias incluidas.

Cada integrante de la flor tendrá una función con respecto al pétalo que ocupe. Pero entre todas deben animarse y compartir frases de autoayuda y superación. Las comunicaciones también suelen hacerse a través de las aplicaciones de mensajería instantánea pero incluyen un cronograma de encuentros semanales para celebrar a la ganadora de cada oportunidad.

Los encuentros son una estrategia de más persuasión. Intentan afianzar la confianza de cada integrante demostrando que una de todas recibió sin contratiempos la bendición del cosmos. En esa espiral ingresan paulatinamente otras mujeres que son convencidas por las que ya creen fielmente en un sistema dadivoso con las intenciones de ayudar.

Pero en Venezuela el asunto es netamente mercantil y punto. Ana Martínez relata que los únicos alientos que recibieron estaban orientados a que buscaran más rápidamente a otros jugadores que participaron. Interés al fin para mover los pétalos y llegar más rápido al centro del capullo.

“No hicimos nada de rituales extraños. Fue un dinero fácil, acostada en mi cama pero lo tengo y ya. He escuchado a personas que se molestan por esta manera de ganar dinero, pero trabajas duro y no ganas lo que haces en un telar. Es fácil, sí, pero lo tengo y ya”, concluye la joven oriunda de Píritu.

Aspectos a considerar 

Para que ese ciclo se repita, siempre debe haber personas dispuestas a entregar su dinero.

El esquema está concebido para ser un juego infinito. Pero si algún jugador falla, el juego se tranca.

En el supuesto de que el juego nunca se trancara, igual estaría destinado al fracaso: en algún momento la humanidad sí se acabará.

Por cada persona que recibe, hay otras siete que donaron su dinero. Lo que implica que al menos siete jugadores por jugada perderían su inversión en caso de que no puedan avanzar.

 

Katherine Carrizales
katherine.carrizales@elnorte.com.ve

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