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No escribo estas líneas solo desde la perspectiva exegética o normativista, lo hago con una visión holística, integral o, más allá, desde el ángulo esencialmente humano. Las trazo con una profunda preocupación patria, con el amor que me han incrustado mis antepasados aborígenes hacia la pacha mama y mi madre y mi padre hacia la bruma del mar Caribe, el olor de la montaña andina, el calor del extenso llano, el sentir zuliano y el arco iris oriental.

Observo, como cualquier venezolano o venezolana, el daño diario que se le hace a Venezuela, se le agrede, se le ofende, es golpeada y hasta vilipendiada por agentes ajenos a las querencias de Tío Simón, pero sí muy cercanas al Tío Sam, sin detenerse a pensar, por ser muy limitada su producción intelectual, que están destruyendo lo que a los “excluidos” durante siglos de dominación colonial e imperial, les ha costado tanto construir.

Fue con la Constitución de Chávez, sí, oígase bien, de Hugo Rafael Chávez Frías, la bolivariana, la chavista, la inmejorable, como lo dijo la señora Fiscal General de la República, que se logró, después de incesantes “diálogos” de diversos sectores, aislados todos durante siglos, la inclusión de prerrogativas para los más pobres, los desposeídos, en detrimento, según ellos, de los sectores ampliamente dominantes, sobre todo en lo económico, social, cultural y hasta religioso.

Dice la señora Fiscal General de la República, a quien respeto por demás, por ser mujer primeramente y luego por considerarla capaz profesionalmente, que la constituyente no es necesaria, olvidando que el propio padre de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela vio la necesidad histórica de reformarla, lo cual ella apoyó sin vacilar, pero además fue objeto, a petición del propio Comandante Chávez, de una enmienda.

Qué pasó mi apreciada Luisa, por qué esa “ruptura del orden histórico”, por qué rompiste con el hilo social trazado por los movimientos sociales que hoy confían en el trabajo de la institución que diriges para devolverle el rostro humano y popular a la tierra de Bolívar, tan cacheteada por el fascismo instaurado desde el Norte que no es el Sur, sino el centro de la hegemonía económica del Mundo, o es que de eso se trata, de defender a aquellos que buscaron aniquilar el movimiento al que perteneciste.

No pide el pueblo venezolano que actúes bajo el amparo de parcialidad alguna, ni tus diez mil funcionarios, como lo mencionaste durante la conocida alocución que sirvió de piso para el inicio de los aberrantes hechos que buscan desconocer los derechos de un pueblo que desea la paz, pero lo que con profunda humildad te pedimos es que no sacrifiques a tu país, Venezuela, por la coma o el punto de un acta policial, que dicho sea de paso, es de absoluta responsabilidad del Ministerio Público verificar antes de presentar un procedimiento ante tribunales, que no generes impunidad por argumentos “leguyelísticos”, de los cuales presumo huyes por tu formación académica.

 

Las querencias del Tío Simón por André Arnó

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