En 1829, el gobierno de EE UU forma parte de una conjura dirigida a asesinar al Libertador. Envía para tal propósito a Bogotá a su embajador William Harrison, y a un agente encubierto, de apellido Goldwin, que se hace pasar por relojero y debía ser el autor material del magnicidio


 

Estados Unidos ha asumido una política exterior injerencista con respecto a los países latinoamericanos que desarrollan proyectos políticos de corte popular, y que propician la soberanía nacional. En el caso de Venezuela, la intromisión comenzó temprano, desde los inicios de la gesta de Independencia. En ningún caso EE UU admite su responsabilidad. Como en la canción de Pedrito Fernández, su gobierno repite: “Si te vienen a contar/ cositas malas de mí / manda a todos a volar / y diles que yo no fui”. A lo largo de la historia, en la política exterior norteamericana hay muchos “yo no fui”.

En 1810, el hermano mayor de Simón Bolívar, Juan Vicente, fue enviado a Washington por la Junta Suprema de Caracas (junto con Telésforo Orea y José Rafael Revenga) en representación del movimiento insurgente. Su propósito era lograr el reconocimiento oficial de parte de EE UU y comprar un lote de armas que permitiera a los patriotas enfrentar a la potencia hispánica. Su misión fracasó por varias razones: Primero, Estados Unidos se declaró “neutral” y, en consecuencia, no reconocieron a la delegación. Segundo, promulgaron leyes donde se castigaba con la cárcel a cualquier ciudadano estadounidense que hiciera tratos con los bandos contendientes; pero en la práctica favorecieron el contrabando clandestino de armas a favor de España. Tercero, las armas que le habían prometido a la comisión venezolana fueron vendidas en secreto a los españoles. Cuarto, de vuelta a la patria en 1811, Juan Vicente muere ahogado cuando el bergantín donde viaja naufraga frente a las Bahamas. El gobierno de EE UU eludió su incumbencia en los hechos. “Yo te aseguro que yo no fui, son puros cuentos de por ahí”.

Otro de los incidentes entre EE UU y los patriotas venezolanos ocurrió en 1818. Las goletas Tigre y Libertad, de bandera estadounidense, fueron halladas in fraganti practicando contrabando a favor de los españoles. Estas naves violaron el espacio marítimo nacional, burlaron el bloqueo naval e intentaron vender armas y víveres a los realistas. Bolívar denuncia la evidente “parcialidad de Estados Unidos a favor de España en nuestra contienda”. Sin embargo, el gobierno norteamericano alegó que los buques no eran oficiales, sino propiedad de particulares, por tanto su actividad respondía a una iniciativa comercial privada en la cual el Estado no estaba inmiscuido. “Tú me tienes que creer a mí, yo te lo juro que yo no fui”.

En 1829, ocurrió otro incidente grave. El gobierno de EE UU forma parte de una conjura dirigida a asesinar al Libertador. Envía para tal propósito a Bogotá a su embajador William Harrison, y a un agente encubierto, de apellido Goldwin, que se hace pasar por relojero y debía ser el autor material del magnicidio. El plan es descubierto y, tanto el embajador como el sicario, son expulsados del país. El gobierno norteamericano no reconoce su participación en los hechos. “Yo te aseguro que yo no fui, son puros cuentos de por ahí”.

José Gregorio Linares