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Los residentes recuerdan el fatídico hecho y sostienen que otro conductor involucrado en el accidente también es culpable de la tragedia. Parientes de los fallecidos en el hecho critican que la sentencia judicial fue corta

Libertad condicional le otorgaron a Iván Segundo Espina Soto, chofer de la gandola que derramó gas cloro en la carretera troncal 9, en Clarines, y que dejó 13 muertos por inhalación del químico en el accidente ocurrido el 16 de septiembre de 2009.

Así lo confirmó el comandante general de la Policía Municipal de Peñalver (Polipeñalver), Jesús Belmonte, quien comentó que durante su estadía en ese calabozo, Espina mostró un “comportamiento ejemplar”.

La medida se aprobó, según la autoridad, después de la apelación que hizo la defensa del acusado en 2014 y la sentencia de 11 años y seis meses impuesta por el juez Tercero de Control del Ministerio Público, Francisco Cabrerael, el 10 de mayo de 2013.
El hombre deberá presentarse cada 15 días en tribunales de Maturín, estado Monagas, hasta cumplir su condena, en 2021.

Los cargos imputados a Espina fueron homicidio intencional a título de dolo eventual, omisión de socorro, lesiones graves, leves y menos leves; previstos en el Código Penal.
Se le impuso también una multa de 2 mil 625 unidades tributarias equivalentes a 144 mil 375 bolívares, según el precio de 2009.

En esa oportunidad, los fiscales 42º y 88º nacionales Yulimar Amaricua y Luz Mayela Hernández; y 6º y 21º de esa jurisdicción, Ángel Rojas y Camilo Alcalá; se encargaron de la parte acusadora.

Además de la cifra de fallecidos, hubo más de 800 personas afectadas por respirar el gas cloro, según datos del director local de Protección Civil en ese momento, Fernando Perdomo.

Ese evento es el peor que se ha registrado en el estado Anzoátegui, en cuanto a traslado de sustancias químicas por vía terrestre.

Archivo
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Día fatídico
Iván Espina llevaba más de 18 horas al volante. Viajaba desde el estado Zulia rumbo a Sucre, con una carga de 17 cilindros de gas cloro para la represa Los Clavellinos, donde tratarían el agua con ese compuesto altamente tóxico.

El hombre, quien tenía en esa oportunidad 56 años de edad, era empleado de la empresa Etotrans. C.A., de Maracaibo.

A las 8:26 de la noche, cuando viajaba por troncal 9, a la altura del sector Mini Finca, colisionó contra una gandola que circulaba en sentido contrario y transportaba láminas de acero. El conductor de este vehículo era Ricardo Jesús Romero, quien huyó después del hecho.

“A la fecha, aún nadie sabe realmente quién fue el que tuvo la imprudencia de pegarse al otro. Solo sabemos que la gandola que trasladaba las láminas de acero perforó tres de los cilindros de gas cloro y cortó las cuerdas que sostenían las bombonas”, reveló Belmonte.

Al momento del accidente también se trasladaban por esa vía vehículos particulares y autobuses comerciales.

Masiel Figuera, vecina de Clarines, confesó que esa noche jamás se le olvidará. “Las personas corrían, se asfixiaban, estaban desesperadas. El ambiente de todo el municipio era ácido; fue una tragedia de la cual aún padecemos los habitantes”, manifestó.
Residentes de los sectores Mini Finca y Paso Real de la zona todavía recuerdan el hecho y sus consecuencias.

Francisca Tiapa narró que tras la colisión vio cómo una nube naranja los cubrió. Tuvo que huir con sus hijos y nietos hacia un caserío a dos horas de su casa, en Paso Real.

La contaminación por el gas cloro la obligó ver morir a su hija seis meses después del accidente. Dos de sus nietos también estuvieron en riesgo de perder la vida por los efectos que el químico es capaz de producir, principalmente, en los pulmones.

“Mi hija sufría de cáncer pero estaba bastante recuperada. Tras la inhalación de ese humo se empeoró y falleció (…) mi nieto aún padece las consecuencias. Cuando le da gripe hasta llora porque no puede respirar y piensa que morirá ahogado”, lamentó.

La dama recordó que hasta unas gallinas que criaba en el corral de su casa murieron, al igual que una perra que acababa de parir cinco cachorros.

TRGEDIA EN CLARINES (5)

Desesperados
La noche de ese 16 de septiembre acababa de recibir la guardia José Conopoima, portero del hospital Antonio José Rondón Lugo de Clarines.

Aún con nervios al hablar de la tragedia, contó que fue él quien recibió esa noche al primer afectado por la inhalación de gas cloro, el primero en morir a pocos minutos de su ingreso.

“Recuerdo su nombre, se llamaba Weiben Castellanos. La puerta de la emergencia estaba cerrada y llegó tocándola fuertemente, se venía desnudando, se orinó encima, no podía respirar. Allí todos pensamos: el mal nos azotó”, relató.

Momentos después de morir la primera víctima, comenzó a llegar gran cantidad de pacientes con los mismos síntomas, resaltó Conopoima, quien explicó que tuvieron que instalar baños improvisados con bolsas negras de basura en las afueras del hospital para que los afectados se bañaran.

A las pocas horas del acontecimiento se agotaba el oxígeno en el centro de salud y los galenos dedicieron trasladar a los afectados hasta el hospital Luis Razetti de Barcelona.

El administrador del hospital de Clarines, Orlando Guarapana, detalló que este tiene una capacidad para 100 personas, pero esa noche la cifra se cuadruplicó.

“Fue tanto el congestionamiento esa noche y toda la madrugada del día siguiente, que no nos daba chance de hacerle la historia a las personas. Tomábamos un adhesivo, se lo pegábamos en el brazo y allí le escribíamos el nombre del medicamento que le habíamos aplicado”, detalló.

El número de personas referidas al nosocomio barcelonés fue de 423, precisó Guarapana. A estos les administraron previamente protectores gástricos, oxígeno, hidratación, antihipertensivo y corticosteroides.

El director del centro de salud del municipio Bruzual, José Cueche, señaló que el plan de contingencia en la zona fue desde el miércoles (día del accidente) hasta el domingo 20 de septiembre.

“El director anterior contó que fue horrible. Las personas presentaban ardor y picazón en la cara y el cuerpo y no podían respirar. Por eso llegaban arrancándose la ropa y bañándose”, narró.

Huella de la tragedia
Comentarios a favor y en contra de la inocencia o culpabilidad del detenido aún se escuchan en las calles de Clarines.

Familiares de las víctimas reclaman que Iván Espina debió tener una mayor condena, mientras que otras personas que vivieron el hecho aseguraron que la culpa también fue del conductor que trasladaba las láminas de acero.

Los residentes desalojados de los sectores Mini Finca, Paso Real, José Antonio Anzoátegui, Clarines y Barrio Obrero volvieron a sus casas y todavía padecen las consecuencias de la inhalación de gas cloro.

El Norte intentó entrevistar a Iván Segundo Espina Soto, pero la búsqueda fue infructuosa.

Personalidades afectadas

Entre las 800 personas afectadas por inhalación del gas cloro en la carretera troncal 9 (tramo Clarines-El Hatillo) estaba el entonces presidente de la Instituto de Salud del estado Anzoátegui (Saludanz), José Parra. Uno de los 13 fallecidos fue Aura Arismendi, presidenta de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría.

Patricia Aponte/ECS
[email protected]

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