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Las elecciones parlamentarias de “medio término” en Estados Unidos, colocan al presidente Barack Obama ante una verdadera prueba de política y democracia. Pero ojo, otro tanto sucede con el Partido Republicano, triunfador en la contienda.

Y ello nos lleva a observar cómo proceden los poderes que se hacen contrapeso en una democracia. Cómo operan y maniobran para defender los espacios ganados en el marco de la institucionalidad.

Los últimos días han supuesto un interesante pulso entre el poder Ejecutivo y el Legislativo en la nación norteña, en el cual puede haber subido la temperatura y se puede haber llamado la atención de la opinión pública por encima de lo usual; pero jamás se han transgredido las costumbres del buen ejercicio de la política.

Al anunciar la polémica “acción ejecutiva migratoria”, el presidente Barack Obama abre la puerta a balancear su récord de más de 2 millones de deportados, con los 5 millones que podría amparar de la deportación de manera temporal. El jefe de Estado parece encaminarse a redimir ante los hispanos su imagen marcada por seis años de deportaciones. Y esto lo ha colocado en un enfrentamiento con sus opositores políticos.

Los llamados “alivios migratorios” se pondrán en marcha en 2015; pero los Republicanos, apoyados por un abogado conservador, Kris Kobach, prevén presentar una demanda para frenarlos a comienzos de diciembre.

Las medidas representan los cambios más grandes a las fracturadas leyes de inmigración del país en casi tres décadas. Con la situación actual, se prevé el escenario de un intenso forcejeo entre los dos grandes partidos estadounidenses, que ocupará los últimos dos años de la presidencia de Obama.

Estamos pues, ante un intenso contrapunteo de poderes que merecen la atención internacional, y cuyos pormenores son verdaderas lecciones de cómo proceder en el ejercicio de posiciones de poder en naciones democráticas.

Y esta situación se intensificará sin duda, al haber recibido los Republicanos la aprobación del electorado. Hasta dónde puede llegar la contienda sin traspasar los límites; pero sin significar tampoco que ninguno de los interesados baje la guardia, solamente lo dirá el tiempo.

Si todo sale bien, de este pulso de contrapesos debería salir beneficiada la ciudadanía. Y la política debería subir un escalón como disciplina para optimizar la convivencia humana.

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