El papa Francisco debe estar bien informado y, además, “ojo pelao” con este “satanás con sotana”, para que después no tenga que salir a pedir perdón ante los feligreses y ante los verdaderos creyentes de la Iglesia católica, apostólica y romana

La reciente denuncia que el presidente de la Asamblea Nacional y vicepresidente del Psuv, Diosdado Cabello, hiciera en su programa televisivo “Con el Mazo Dando” sobre el obispo Baltazar Porras, no resulta tan descabellada; sobre todo, si hurgamos un poco sobre los antecedentes del prelado de la Iglesia católica venezolana.

Se trata nada más y nada menos que de un jerarca, a quien como humano no lo juzgamos; pero que si pudiéramos como miembros de la misma iglesia, señalar alertas en torno a su actuación no muy cónsona con los deberes y el comportamiento quedebe tener cualquier pastor, fiel a la liturgia y a los juramentos que hizo ante Dios, el día de su ordenación sacerdotal y después en su consagración – ante su pueblo como Obispo de la Arquidiócesis de Mérida.

Entrar en los intríngulis de la vida de los pastores de cualquier iglesia y en especial de la Iglesia católica es movernos en un terreno anegadizo, donde hay mucha tela que cortar y mucha investigación sobre la conducta de dichos jerarcas. Hoy sobran los ejemplos; por ciertode mucha actualidad,los cuales son removidos hasta los tuétanos por el papa Francisco desde El Vaticano (pedofilia, entre ellos).

Para refrescar la memoria solo bastaría pasearnos por algunos libros, como por ejemplo uno criollo “Obispos y Demonios” o por textos clásicos como Las Sandalias del Pescador, La Iglesia y el fascismo, Los Cuervos del Vaticano, Los Protocolos de los Sabios de Sión, El Código Da Vinci, Las Claves Ocultas del Poder Mundial o Cuatro Crímenes, Cuatro Poderes, este último – por cierto – un texto muy cercano a los venezolanos.

Si bien es cierto que en los mismos libros sagrados del antiguo y nuevo testamento encontramos algunas respuestas a la conducta de los discípulos de Jesús (Judas Iscariote), también no es menos cierto que en algunos pasajes y parábolas del maestro de Galilea, se le escuchó decir: “de todo hay en la Viña del Señor”.

El obispo de Mérida, Baltazar Porras, no aguanta dos pedidas y por eso ahora anda ahora por el mundo como embajador de la oposición venezolana y utiliza su alta investidura, para convertirse en un recolector de fondos para la próxima campaña electoral en Venezuela, las venideras elecciones parlamentarias del 2015.

Desde luego que la jugada no es nueva por parte de algunos jerarcas de la Iglesia católica venezolana; sólo que en este caso, la representa un “adeco con sotana” como lo calificara en varias oportunidades el Comandante Chávez; es decir, su actuación es tan descarada que compite entre sus locuras con las de otro pastor, el cura Palmar (el de la carretilla).

Estepar de dementes, quienes no sólo por ser opositores están en la libertad de emitir sus juicios,además permitidos por nuestra Constitución Bolivariana, han pasado del dicho al hecho y juegan con candela contra el Estado venezolano.

Cuando de política se trata estos dos curas expresan a espaldas de los cánones del propio Vaticano y con el consentimiento de la CEV, sus sandeces. Esta última se hace la vista gorda y alcahuetea tan bochornosa conducta, como cómplice silenciosa que es.

La CEV debería pedir cuentas al obispo “golpista y reincidente” por el dinero que maneja en nombre de la institución y sobretodo, cuando hablamos de dólares los cuales transitan alegremente por el istmo de Panamá y que a nuestro modo de ver, no son de la Iglesia (a menos que la CEV lo demuestre).

Marco Tulio Arellano