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Aunque se han hecho algunos esfuerzos logísticos y de capacitación humana, los equipos de rescate de la región parece que aún tienen grandes retos que afrontar ante un posible desastre de gran magnitud


El estado Anzoátegui es quizá una región joven que aún no se recupera de algunos episodios en su historia reciente, en los que el pánico se alimentó de sus residentes y dejó una estela de muertos a su paso.

Probablemente muchos aún sueñen con los ojos abiertos con aquel cielo rojizo de la noche del 6 de marzo de 1969, cuando una explosión en la Refinería Puerto La Cruz despertó a la ciudad de un sobresalto.

Tampoco cesan las memorias de aquella tarde del 9 de julio de 1997, cuando el suelo se estremeció con fuerza desde Cariaco, en el estado Sucre, y muchos fueron presa de sus propios miedos.

Archivo. Francisco Guerra

Situaciones de esa índole no se han repetido para fortuna de todos. Sin embargo, la quietud con la que se ha comportado la región es probablemente la razón para estar alertas en todo momento.

Durante 2016, los incendios fueron los protagonistas en la zona norte del estado Anzoátegui, y aunque no se registraron víctimas mortales o mayores daños materiales, en muchos queda la interrogante de que si realmente estamos preparados para afrontar un desastre de grandes magnitudes.

En 2014 nació el Sistema Integrado de Gestión de Riesgo, Administración de Emergencias de Carácter Civil y Desastres (Sigraed) en la entidad, el cual se creó con la intención de fusionar a la dirección de Protección Civil (PC) con el Cuerpo de Bomberos.

El para entonces gobernador de la región, Aristóbulo Istúriz, dijo que la disposición tenía como propósito fortalecer la capacidad operativa de ambos organismos, así como dar más y mejor respuesta ante eventualidades.

A dos años de su creación, Ángel Muñoz, su director, aseguró que ha sido una figura positiva en la entidad porque ahora se pueden articular ambos destacamentos de una mejor manera, para así atender situaciones de riesgo de forma más organizada.

Acepta que la naturaleza es impredecible y que no siempre sabrán cuándo, dónde o cómo ocurrirá alguna eventualidad. Sin embargo, con seguridad afirma que el organismo está preparado para hacerle frente a cualquier situación fortuita.

Precisó que para ello el Singraed tiene a disposición de la ciudadanía 21 ambulancias, 15 vehículos de rescate, seis camiones para suprimir incendios, otros seis para cargar agua, además de tres embarcaciones y una moto de acuática para actuar en el mar.

También habla de los constantes talleres y planes de capacitación para los 485 funcionarios de la red, así como para los pobladores de diferentes localidades que forman parte del estado.

“Es importante que los ciudadanos sepan cómo atender ciertas emergencias porque son ellos los primeros que están en el sitio del siniestro o el accidente. De allí nuestro interés de llevar los conocimientos”, aseguró Muñoz.

Al respecto, comentó que durante 2016 se redujeron las zonas de riesgo en 12,8 %, precisamente por la intervención de consejos comunales y la Misión Barrio Tricololor, que llega a poblaciones de remoto alcance.

En relación a la actuación de los efectivos del Singraed, Muñoz adviertió que el tiempo de acción de estos es de minuto y medio, pero señala que su arribo a la escena donde se requiere el auxilio varía de acuerdo a ciertos aspectos como la locación, tráfico, etc.

Para Arquímedes Velásquez, presidente del Colegio de Médicos del estado Anzoátegui, la cantidad de ambulancias con las que cuenta el Singraed se hace insuficiente, considerando que la población regional supera al millón 800 mil habitantes.

El especialista comenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que por cada 25 mil personas se debe disponer de una ambulancia. Es decir que, pese a los esfuerzos del Sigraed, al sistema le hacen falta 51 automóviles más para subsanar el déficit.

El galeno cree que en la entidad no se tienen planes efectivos de emergencia. Añade que la situación quedó “al desnudo” el pasado 30 de octubre cuando se incendió la laguna número 2 del cerro de carga de la refinería de Guaraguo, en Puerto La Cruz.

“Del Hospital César Rodríguez evacuaron a los pacientes hasta a pie. Eso fue un desastre, así que algo así no se puede calificar como positivo”, opina el representante de los médicos en la región.

Archivo. Alejandra Upamo

Sobre ese caso, el director del Singraed no quiso hablar. Se limitó a responder que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) tiene su propio cuerpo de seguridad, y que ellos solo acudieron al lugar para prestar el apoyo.

José Ramón González, director general del Área de Socorro de la Cruz Roja en Venezuela, cree que en el país no hay cultura de desastre, y refiere que la improvisación se ha convertido en la norma a la hora de actuar.

Destaca que en el país las emergencias son tomadas en cuenta solo cuando ocurren. “Esa situación nos hace vulnerables. En muchas oportunidades se trabaja sobre la marcha, se improvisa demasiado”.

Precisa que cada año, la Cruz Roja capacita a unas 2 mil personas en materia de primeros auxilios en todos los estados. “Los ciudadanos necesitan estar capacitados para cuando ocurren eventualidades porque los bomberos o Protección Civil no son los primeros en llegar”, sugiere González.

Asegura que el territorio nacional cuentan con 4 mil voluntarios, aunque lamenta que en muchos casos su labor se ve limitada por la crisis económica. Se atreve a decir que lo mismo le sucede a entes como Protección Civil o los bomberos.

“Crisis” es precisamente una de las palabras que define la labor que desempeña la Fundación Red de Emergencia de Puerto La Cruz (Funrep) en la zona norte del estado Anzoátegui desde hace 36 años.

El grupo de voluntariado apenas cuenta con 25 miembros y no tiene ambulancias sino seis motocicletas con la que se movilizan los paramédicos al momento de presentarse alguna emergencia.

Su director, Carlos Guarenas, enfatiza que ningún ente público o privado los apoya pero que su vocación de servicio no les permite cesar sus labores de rescate y atención prehospitalaria.

Guarenas admite que la compra de material médico-quirúrgico sale de sus bolsillos por lo que mensualmente pueden gastar hasta 30 mil bolívares en gasas, alcohol, jeringas y otros insumos similares.

Archivo. Roberth Aguilar

El encargado de la Funrep cree que sí hay capital humano para atender emergencias a gran escala en Anzoátegui pero considera que se debe capacitar más a los ciudadanos en materia de prevención o cómo actuar durante desastres.

El titular del Singraed niega que en la red exista “crisis”. De hecho, apunta que reciben dotación por parte de la Gobernación del estado Anzoátegui o sus vehículos son beneficiados por la Misión del Poder Popular para el Transporte.

Remedio Romero, encargado de la seccional de El Tigre de la Cruz Roja indica que en esa zona tampoco tienen problema con la dotación de materiales para su trabajo, e incluso precisa que tienen stock hasta marzo.

Destaca que la función del organismo, que llegó al país en 1895, es netamente auxiliar, por lo que actúan si Protección Civil o el Cuerpo de Bomberos lo consideran pertinente o necesario.

Romero habla de unos 100 voluntarios y de tres ambulancias disponibles en El Tigre, zona donde funciona la Dirección de Socorro de la Cruz Roja en la región oriental. Considera que el equipamiento es suficiente.

Vulnerabilidad

El año pasado, la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción de Desastres (Unisdr) presentó un informe en el que ubica a Venezuela como el segundo país más afectado por desastres naturales entre 1995 y 2015.

El texto apunta que durante esos 20 años, en el territorio nacional se perdieron 30 mil 239 vidas, todas prácticamente en 1999, cuando se registraron fuertes inundaciones en estados como Vargas, Miranda y Falcón.

La Unisdr toma en cuenta la cantidad de fallecidos por cada millón de habitantes, de allí que Myanmar aparezca en el primer lugar con 126 mil muertes por desastres naturales en dos décadas.

Pese a esas cifras, el director regional del Sigraed, Ángel Muñoz, reitera que con la llegada de cada temporada, se elaboran planes especiales para medir y estudiar los alcances del organismo y cómo se debe actuar ante cualquier situación irregular.

“Desde enero se hace la evaluación de todo el año, sobre todo de la temporada de lluvias, para así más o menos tener una idea. Igualmente se evalúa la temporada anterior para así observar las variables”, señala Muñoz.

También expone la organización macro de los dos simulacros que se dieron en Anzoátegui en 2016, uno por tsunami y el otro por sismo. Asimismo, menciona otros tantos que se hacen semanalmente en escuelas e instituciones públicas.

Muñoz cuenta a unas 42 mil personas movilizadas en estos trabajos de prevención, cifra que según él superó en 50 % la meta que tenían fijada para las diferentes actividades que se dieron en la región.

Ángel Rangel, quien fue director de Protección Civil y miembro del Estado mayor del Cuerpo de Bomberos de Caracas, comentó a medios nacionales en abril que 80 % de la población vive en una de riesgo sísmico.

El extitular de PC criticó que a nivel nacional se den episodios de inundaciones y otros desastres por la mala planificación de los gobernantes, y aseguró que la crisis de los cuerpos de seguridad también es política.

“Además de que no se consiguen medicamentos e insumos, repuestos para las ambulancias, entre otros, hay descoordinación dentro de algunos cuerpos de seguridad y rescate por diferencias políticas de alcaldías o gobernaciones”, sentenció Rangel.

Paúl Rivas González
paul.rivas@elnorte.com.ve

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