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Este albañil se refugió desde hace 10 años en el mercado municipal de Puerto La Cruz, donde trabaja “matando tigritos”. Espera recibir ayuda de la alcaldía


Su último trabajo estable fue en una petrolera como albañil. José Igualguana
Su último trabajo estable fue en una petrolera como albañil. José Igualguana

Diariamente Pedro Herrera, a sus 50 años de edad, pasa las horas sentado debajo de un árbol, junto a un grupo de conocidos frente al mercado municipal, por el Paseo Miranda, en Puerto La Cruz.

Entre todos se hacen compañía y recuerdan con tristeza los problemas que han padecido, el tipo de personas que han sido, que como el mismo Herrera comentó son “responsables de su vida en las calles”.

Desde hace más de 10 años su refugio ha sido el expendio de alimentos del municipio portocruzano, donde tiene un pedazo de cartón como cama y el cielo como techo en las noches.

Con la mirada perdida y un gesto de melancolía asoman a su rostro cada vez que dice una frase, Pedro Herrera narró su vida cargada de problemas y adicciones que, sin piedad, le han “pasado factura” a lo largo de los años.

Pedro herreraSin trabajo

Desde hace más de ocho años Herrera no ha conseguido empleo, lo que le provocó la separación definitiva de su esposa.

“Mato tigritos de vez en cuando. El último trabajo estable en donde laboré fue para una petrolera aquí en el estado como albañil, oficio en el que me he desempeñado durante toda la vida.

Por esas razones mi compañera de vida me dejó. Desde ese momento me quedé mucho más en las calles”, contó el barcelonés.

Herrera recordó que vivió una infancia normal en un hogar de escasos recursos, pero honesto.

“Llegué hasta el 4º año de bachillerato en el liceo Fe y Alegría en Puerto La Cruz. Luego estuve en el cuartel por más de 18 meses y cuando salí comencé a trabajar en lo que siempre me he sabido desempeñar: la albañilería”, dijo.

Sin embargo, la ingesta de licor lo llevó a las calles y provocó que hoy día sea alcohólico.

“Para huir de los problemas que tenía en la casa, que en gran parte eran con mi esposa, me fui metiendo en el mundo del alcohol desde hace 30 años aproximadamente. Pero yo nunca he tenido vicios de drogas ni de cigarrillo lo dejé hace varios años. Lo que sí continúa siendo mi compañera de penas es una botella”, explicó.

Herrera tuvo tres hijos, actualmente son mayores de edad. Pero él mismo afirmó que no recibe ayuda de sus parientes.

“Yo les construí su casa y cuando crecieron me dieron la espalda. Cuando los muchachos están pequeños no ven los sacrificios que los padres hacemos para darles estudios. Si se enferman los llevamos al doctor y estamos pendientes de su crianza. Cuando son hombres y mujeres no se acuerdan de los padres. Así es la vida”, narró con lágrimas en los ojos.

Familia ausente

Herrera tiene siete hermanos, pero dijo que ninguno de ellos está pendiente de su condición.

“Uno de mis hermanos y mi mamá murieron hace años. Mi papá aún vive, pero está mayor y con el resto de mis hermanos no hablo todo el tiempo. Cuando uno está sin dinero no lo quiere nadie, por eso es que prefiero quedarme en la calle para no ser una carga para mi familia”.

Sin embargo, anhela una ayuda laboral por parte de los entes gubernamentales del estado.

“Si me dan un trabajito podría ayudar a mis allegados, me volvería a sentir útil y no pasaría mis días escudándome en el alcohol. Aún estoy joven y quisiera un trabajo estable para salir adelante”, finalizó.

Se baña en la calle

Pedro Herrera dijo que como no cuenta con una casa, se baña en las inmediaciones de la Universidad de Oriente (UDO).

“Cerca de la universidad tengo guardadas algunas ropitas y es por allí donde me echo un agüita”.

Patricia Aponte/ECS
[email protected]

Redacción El Norte
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