Dentro de cada país se reproduce el sistema internacional de dominio que cada pueblo padece, la concentración de las industrias petroleras en determinadas zonas refleja la agrupación previa de la demanda de puertos o zonas exportadoras.

Desde la llegada del petróleo a Venezuela, la mayoría de las inversiones se ha concentrado en la región central del país, no solo convirtiéndolas en crecientes urbes, sino, además, apropiándose de un gigantesco embudo de capitales generados por todo el territorio, a través de lo que podría llamarse un intercambio comercial desventajoso que en suma terminó beneficiando poderosamente a intereses extranjeros o los estratos más altos de la sociedad.

Bien lo decía Eduardo Galeano: “la industrialización dependiente agudiza la concentración de la renta, desde un punto de vista regional y desde un punto de vista social. La riqueza que genera no se irradia sobre el país entero ni la sociedad, sino que consolida los desniveles existentes e incluso los profundiza”.

El mundo ha sido testigo del perfeccionamiento de los métodos de exportación petrolera, pero también del crecimiento del capital monopolista y el dominio internacional de los mercados, prácticas que materializan las palabras de Arturo Uslar Pietri cuando calificó a la industria petrolera como altamente destructiva.El engranaje internacional ha continuado funcionando: los países al servicio de las mercancías, los hombres al servicio de las cosas, como decía Galeano, pues siguen intactos los créditos y las inversiones que hacen permisible el ascendente tumulto de contradicciones sociales, políticas y económicas.

El llamado mercado internacional sigue siendo la clave de la situación petrolera, las corporaciones y multinacionales ejercen un poderío cuya propiedad y control han convertido al pasar del tiempo el precio del crudo en una especie de subsidio a los grandes países industrializados.

El acuerdo de la OPEP en defensa de los precios justos del crudo ha ocasionado molestias a los poderes hegemónicos convertidos en mercaderes de lo ajeno, cuyo sistema se ve vulnerado por esta medida soberana. El hecho trajo como respuesta ser sometidos a escaladas armamentistas, ocupaciones ilegales, estrategias económicas, políticas y sociales bajo el propósito de permear el desarrollo libre de los pueblos.

A pesar del gigantesco paso dado por Venezuela de rescatar la principal fuente de recursos de la nación, se ha registrado un aumento en sus importaciones acrecentando en gran medida la relación de competencia y consumo.

En la actualidad, el país que posee las reservas certificadas de petróleo más grandes del mundo se sumerge en una gran crisis económica, y es entonces el momento de reflexionar como venezolanos y empezar –ahora sí– a considerar seriamente la advertencia del profeta de la recuperación del petróleo, Juan Pablo Pérez Alfonzo: “se puede morir de indigestión, tanto como de hambre”.

 

Petróleo, ¿problema o solución? por Bianca Borreros