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Dios puede actuar a través de mí. Él ha puesto su autoridad en mis manos y me dio su nombre, su palabra y su poder para cumplir su voluntad (Lc 9:1)


¿Sabías que somos sonidos y nuestras palabras son semillas? Si hacemos una confesión de enfermedad y fracaso, iremos hacia esa dirección. Si confesamos salud y victoria, iremos hacia esa dirección. ¿Hacia dónde quieres ir? Quizás nadie te lo haya dicho, pero tus palabras dirigen tus pasos. Cuando tus palabras están en acuerdo con la Palabra de Dios, experimentarás la continua manifestación de su bendición. Estar en acuerdo con Dios es creer y confesar lo que está escrito.

“Escrito está: «Creí, y por eso hablé». Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos” (2 Co 4:13 NVI).

Puede que no tengas buena salud o que te sientas debilitado y angustiado, pero no confieses tus padecimientos. La ley de la fe expresa que debemos confesar lo que dice la Palabra de Dios. Cristo es el Verbo de Dios quien representa a Dios ante los creyentes y a los creyentes ante Dios. Cada día levántate con alegría y declara: “Por su llaga [yo estoy] curado (Is 53:5); no digas: “quizás esté” o “voy a ser”, sino “estoy” en tiempo presente. Si estás preocupado porque tienes carencias económicas y muchos compromisos de pago, confiesa: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que [me] falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil 4:19).

Tenemos que disciplinar nuestros labios para que solo hablen la poderosa Palabra de Dios. Aquí te dejo doce de mis afirmaciones diarias. Decláralas con fe y confianza:

1-Este es el día que hizo el Señor; [me] gozaré y [me] alegraré en él (Sal 118:24).

2-Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca (Sal 34:1).

3-Dios me ama y tiene un plan glorioso para mi vida (1 Jn 4:16).

4-Toda mi confianza está puesta en Dios (Sal 143:8).

5-A medida que medito en la Palabra de Dios soy trasformado a su gloriosa imagen (2 Co 3:16).

6-Soy como un árbol plantado a la orilla de un río, siempre doy fruto en su tiempo. Mis hojas nunca se marchitan y prospero en todo lo que hago (Sal 1:3).

7-Dios puede actuar a través de mí. Él ha puesto su autoridad en mis manos y me dio su nombre, su palabra y su poder para cumplir su voluntad (Lc 9:1).

8-Yo venzo el mal con el bien (Ro 12:21).

9-Soy humilde, amable, paciente y tolerante con los demás (Ef 4:2).

10-La unción del Santo está sobre mí (1 Jn 2:27).

11-Estoy revestido de la justicia de Dios (2 Co 5:21). Yo puedo guiar a los perdidos a Cristo.

12-Estoy sano, fuerte y feliz. Dios es la fortaleza de mi vida (Sal 27:1).

¡Alabado sea el Señor!

 

Liliana D. González

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Redacción El Norte
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