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Fedecamaras aseguró que desde el 2015, un promedio de 11 mil empresas privadas han cerrado


Su día a día no ha cambiado. Aquella mujer sigue levantándose a las 5:00 de la mañana. El aroma del café cambió, ya no prepara ni Fama de América ni Madrid, sino una mezcla artesanal, que de alguna manera le calma el “vicio” que ha mantenido durante unos quince años.

“A rey muerto, rey puesto”. Así comenzó Carmen Arriojas su relato. Para ella ya no hay exigencias, es por eso que sale a buscar lo que consiga. Desde la parada del sector Las Charas en Puerto La Cruz aborda el autobús para hacer el recorrido.

Contó que ya no se fija en marcas, pues desde el 2015, año en el que aseguró arreció la crisis, los productos de “calidad” desaparecieron, siendo sustituidos por imitaciones, que si bien no son las mejores, se convirtieron en el “resuelve diario”.

Irónicamente sonríe para recordar cuándo fue la última vez que lavó la ropa de su esposo, su hijo de seis años y la de ella con Ace, pero la memoria le falla. De lo que sí tienen certeza es de lo que está utilizando ahorita. Un nuevo detergente, de importación brasilera, cuyo diseño es similar al del producto original, pero lleva otro nombre, Tide. “El producto no es tan bueno, pero con eso solvento y ya es mucho que decir”, comentó.

Las arepas que sirve en el desayuno han cambiado su sabor, pues la masa ya no se prepara con harina PAN -como de costumbre- sino con un nuevo sello (Venezuela) y el lavaplatos para quitar la grasa de los utensilios de cocina que emplea ya no es Axión, sino Clic.

No hay variedad. La bonanza existente hace unos diez años atrás ha desaparecido. Los anaqueles de los supermercados, cuando no lucen vacíos, solo muestran el producto que nuevos ingeniosos han decidido crear para ganar terreno en este duro mercado económico.

Es precisamente la ausencia de reconocidas marcas lo que ha impulsado un nuevo mercado, así lo determinó el presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción en Anzoátegui (Fedecámaras), Héctor Luna.

Desde su óptica, la imitación de los antiguos productos de limpieza es lo que ha tenido mayor repunte desde hace dos años.

Comsumidores aseguraron que las nuevas galletas Geo son una copia “barata” de las Oreo . Raúl González

Aunque aclaró no tener un análisis completo, sí enfatizó que el área química se ha posicionado de manera fructífera, no así en lo que a alimentos se refiere, “la comida es muy escasa y en algunos casos es muy puntual”, agregó.

El directivo recalcó que pueden existir nuevas marcas, pero los estándares de calidad han disminuido. Citó el caso del queso fundido Dalvito de la casa comercial Davi, que llegó para “sustituir” el Cheez Whiz del reconocido sello Kraft.

Aunque recalcó que existe gran similitud entre los productos, insistió en que los consumidores saben diferenciar uno de otro. “La necesidad obliga al comprador a llevar lo que haya”, indicó.

Para Luna, la sociedad venezolana ha buscado vías alternas a las limitaciones que de alguna manera ha impuesto el Gobierno nacional para el desarrollo de la producción.

Según el experto, hay un sector que está siendo favorecido por el Ejecutivo a través de la Federación de Industriales, Pequeños, Medianos y Artesanos de Venezuela (Fedeindustrias), sobre todo en la fabricación de detergentes, desengrasantes y ceras, además de otros similares que no son de producción masiva, porque carecen de materia prima suficiente para trabajarlo.

Al consultarle al presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Wael Raad, el terreno que han ganado algunas marcas como consecuencia de la crisis, su veredicto no fue distinto al de Luna.

Si bien es cierto que un sello es lo que identifica un producto, para el funcionario el juicio final siempre será responsabilidad del consumidor. “Son ellos quienes lo aplaude o lo critican”, dijo.

Para Raad, el ingenio que han tenido los nuevos empresarios no ha requerido mayores esfuerzos, pues se han enfocado en productos antiguos y que han sido reconocidos por los venezolanos para impulsar sus nuevas creaciones.

“Ahorita los nuevos productos se parecen a los antiguos en texturas, imagen, símbolos e incluso frases particulares que se han convertido en ícono referencial a lo largo de la historia, pero sucede algo, el consumidor no olvida y hace comparaciones”, señaló.

El delegado también manifestó que cuando se trata de innovar salen a relucir las formas de los empaques o envases, además de una gama de colores que hacen la mercancía llamativa.

Cuando escasea un producto que la gente está acostumbrada a comprar -explicó el especialista- empiezan a adquirir lo que no salía, es decir, aquello que se quedaba en almacén o en su defecto lo que emerge en sustitución de lo que catalogó como “bueno”.

Recordó el caso de las marcas de aceite Vatel o Mazeite, legendarias para los venezolanos y que desaparecieron. Además, nombró las nuevas apariciones de otros sellos comerciales de mantequillas como Las Delicias, La Coreana, Divino Niño, que son más económicas y de producción nacional, “a la gente no le es familiar el nombre, no las conocen porque no tienen publicidad, pero las compran por la necesidad”, admitió.

Aseguró que por cada rubro escaso pueden crearse hasta 20 marcas y todas se venden por la demanda que tiene el venezolano de suplir sus necesidades.

“Son muy, pero muy pocos los productos de marca reconocidos a los que el venezolano tienen acceso y a esto se le suma el precio tan elevado con el que aparecen en los supermercados”, expresó.

La apreciación de Luna y Raad fue confirmada por la del abogado Ricardo Antequera, quien le declaró al diario El Estímulo que hay empresas que desarrollan productos imitadores para apalancarse en el mercado, aun cuando existe una Ley de Propiedad Intelectual que data de 1956 en la que se prohíbe el registro de marcas similares o confundibles.

El técnico superior en química, Jesús David Alzolat emprendió su negocio en tiempo de crisis. La fabricación de productos de limpieza se convirtió en su fuerte desde 2012.

Desinfectantes, cloro comercial, suavizante y antibacterial, fueron los rubros que comenzó a ofertar. Contó que la materia prima la adquiría en algunas tiendas del centro porteño, mientras que en otros casos tenía que emprender viajes hacia la ciudad de Valencia o el Zulia para conseguirlos.

Más de dos millones de ciudadanos, según estadísticas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (Iesa), ven en Venezuela una opción para emprender, a pesar de las limitantes. En el informe revelaron que solo un 10% consolida el sueño de empresario.

Piedra de tranca

El representante de Fedecámaras en el estado aseveró que las empresas con mayor influencia en el mercado han dejado de producir debido a la falta de divisas para importar la materia prima, lo que trajo como consecuencia que nuevos emprendedores ganaran terreno.

Precisó que el parque industrial venezolano cayó más de un 50%, “antes teníamos en funcionamiento 15 mil empresas, ahora solo nos quedan de 3 a 4 mil trabajando, aquí se mantienen activas solo de un 15 al 20% de su capacidad en área de comercio”, agregó.

Entre 2008 y 2009, según Luna, comenzó el declive, sin embargo, profundizó que el mayor porcentaje se registró en los últimos cuatro años, pues se incrementó la presión por parte del Estado.

“El Plan de la Patria es la destrucción del aparato productivo. El Estado quiere ser empresario y esto no es viable. El Gobierno tiene que entender que es un ente regulador y no controlador”, replicó.

El Gobierno, según indicó el directivo, ha discriminado a los empresarios del sector privado y les ha negado la libertad económica expresada en la Constitución.

“Seguimos pidiendo un diálogo. Manifiesto nuestro interés de seguir produciendo en Venezuela, pero para eso se deben eliminar la barreras económicas e ideológicas”, sentenció.

Luna insistió que cuando se abra el abanico de oportunidades, se encontrarán una serie de marcas del mismo producto para que el consumidor sea el que escoja.

Zorymar Medina
[email protected]

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