¿Por qué Obama es negro porque su papá era negro y no blanco porque su mamá es blanca? Es por una duda que tengo. «Una gota de sangre negra te hace negro», estipulan los racistas gringos.

Luis Buñuel decía que cuando era joven los buenos eran los proletarios y los comunistas y los malos los ricos y los curas. Eran los tiempos inocentes en que Stalin era el padrecito de los pueblos.

Martin Luther King pronunció su famosa oración «Tengo un sueño» y se ha hecho proverbial la caricatura de Colin Powell, Condoleezza Rice y Barack Obama, con King diciendo: «Tengo una pesadilla». La última inocencia fue Obama. Mucha gente creyó que un negro en la Casa Blanca cambiaría todo. No solo no cambió nada sino que en su primer año causó más destrucción que Bush en ocho. Por eso escribí al término de ese primer año un artículo aquí titulado «Regresa, Bush, estás perdonado».

Un policía blanco mete seis tiros a un negro desarmado, por la espalda, y un jurado no halla méritos para acusarlo siquiera. Un niño negro juega con una pistolita de juguete y unos policías blancos lo acribillan. No me gusta hablar de razas porque, dijo Martí, no hay razas. El concepto de raza no tiene la menor validez científica, pero tiene tanta fuerza bruta mitológica y política que conduce a genocidios.

Los negros se inventaron en América. En la Antigüedad europea un etíope era tan bárbaro como un germánico. La gente era ciega al color de la piel. La etíope Andrómeda, la hermosa doncella rescatada por Perseo, era lo que hoy llamaríamos una negra, pero ningún autor de mitos lo canta y los pintores la figuran blanca. Que yo sepa el primer negro de la cultura europea fue Otelo, el Moro de Venecia.

En los años 60 cundieron en los Estados Unidos los que se llamaron race riots, ‘motines raciales’, precursores del Caracazo. Cuando asesinaron a Martin Luther King hubo una trapatiesta de varios días en 125 ciudades. Burn, baby, burn, era la consigna, ‘quema, chamo, quema’.

El papelón que está haciendo Obama demuestra que la raza no tiene nada que ver. La raza fue la forma perversa que tomó la discriminación como rasgo distintivo de un sector explotado. Tan feroz fue la esclavitud de los africanos que aún nos llega su peor hálito: el racismo, que ahora entra en una nueva fase.

Tomado de aporrea.org