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Este hombre, de 58 años de edad, no pudo formar su propio hogar, tener esposa ni hijos

Una vida llena de muchas dificultades le ha tocado vivir a Ramón Antonio Vargas, conocido por sus allegados como “Pancho Galán”, desde que, hace 41 años, sufrió un accidente de tránsito que le dio un giro de 360 grados a su destino.

Cuando tenía apenas 16 años se dio el drástico cambio. “Para entonces ya estudiaba y trabajaba en una reconocida empresa de gaseosas para pagar mis gastos personales. Cuando tuve aquel suceso en el que perdí una pierna y me dejó un brazo con problemas”.

José Igualguana
José Igualguana

 

Vargas en el momento de sufrir el accidente se encontraba en un vehículo camino a su trabajo cuando perdieron el control e impactaron junto a una pared.

Con lágrimas en los ojos, José Antonio comentó que desde su accidente se ha dedicado a la venta de boletos de lotería para ganar dinero y contribuir en los gastos de su residencia, ubicada en Boyacá II de Barcelona, que comparte con su mamá y una hermana.

“Yo tengo más de 10 años vendiendo Kino para sentirme útil y llevar algo de comida a la casa, aunque no es obligatorio porque mi mamá y mi hermana trabajan y comprar las cosas que se requieren. Pero a mí me gusta aportar en algo”, aseguró Vargas.

También dijo que su mamá es una docente jubilada que se ha encargado de ayudarlo, de darle la fuerza necesaria para que salga adelante y no se sienta solo ante los retos que ha tenido que superar por los eventos que marcaron su vida.

Un hombre luchador
Este barcelonés de 58 años, a pesar de sus dificultades físicas, se levanta cada mañana, lleno de ánimo, para llegar al barrio Sucre, con el fin de vender sus boletos de la suerte, mientras regala sonrisas a sus compradores.

El ha tostado la piel de Vargas, pero no ha sido un impedimento para realizar sus rutinas diarias. Al mediodía regresa a su casa para descansar y continuar en la tarde con su faena.
Para este “galán” su discapacidad no es un impedimento, porque aprendió a vivir con ella y luchar por lo que desea manteniendo siempre una sonrisa.

A su vez resaltó que prefiere laborar en su silla de rueda enconmendándose a Dios porque se siente bien y no está pidiendo dinero en la calle.

“En las mañanas solo digo que Dios me bendiga y me ayude a echar para adelante”, inidicó Vargas.

Sin familia propia
“Pancho Galán” confesó, con mucha nostalgia, que no pudo tener la oportunidad de casarse y tener hijos para formar un hogar, pero que “Dios lo recompensó regalándole varios sobrinos”.
“La vida a veces es dura con muchas personas, pero hay que saber llevarla y estar dispuestos a superar cada obstáculo”, reflexionó Vargas.

Por lo que asegura que seguirá vendiendo sus “boletos de la suerte” en los alrededores del estadio de Tronconal II y en barrio Sucre para ganarse la vida honradamente.

Vecinos de José Antonio Vargas comentaron que él es un sujeto respetuoso y que no se le ve consumiendo ningún tipo de bebidas alcohólica por las calles, que al contrario siempre es educado con las personas.

Elizaira Marval/ECS
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Redacción El Norte
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