El esqueleto gigantesco de una ballena jorobada cuelga del techo y recibe a los visitantes del mayor acuario de Sudamérica, que abrirá sus puertas el próximo 9 de noviembre en el corazón de la renovada zona portuaria de Rio de Janeiro.

Esta ballena adulta, de 13 metros y 37 toneladas, quedó varada en la playa de la Macumba, en el oeste de la ciudad, en junio de 2014, “probablemente después de haber sido golpeada por un buque, porque le faltaba una aleta”, explica a la AFP el biólogo marino Marcelo Szpilman, creador de esta nueva atracción bautizada AquaRio.

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Hasta ahora, la bulliciosa ciudad costera, que es visitada cada año por casi tres millones de turistas extranjeros y más de seis millones de brasileños, no contaba con un acuario, una deuda que pronto será resuelta.

Ubicado en una zona rehabilitada por los Juegos Olímpicos, en un edificio de cinco plantas, 26.000 m2 y 4,5 millones de litros de agua salada -equivalente a dos piscinas olímpicas- AquaRio “quiere ofrecer al público una sensación de inmersión total”, subraya Szpilman.

La inmensidad del agua de azules claroscuros y una iluminación tenue hacen que el visitante se sienta como si estuviera en el fondo del mar mientras camina por los pasillos que comunican a los 28 acuarios de AquaRio.

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El primero está lleno de peces “peligrosos” como la raya eléctrica o el pez león.

Pero la atracción principal es un túnel de paredes acrílicas de 20 metros de largo y dos de ancho que dan la impresión de estar inmerso en millones de litros de agua y rodeado de tiburones.

“Tenemos previsto que niños a partir de seis años puedan pasar la noche ahí con sus padres para experimentar la sensación de estar en el fondo del océano”, dice Szpilman.

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En un comienzo, AquaRio exhibirá 3.000 peces de 350 especies diferentes, entre ellos una cuarentena de tiburones como el “tiburón nodriza o tiburón gata” (Ginglymostoma cirratum) que puede llegar a medir 4,3 metros y pesar 400 kg. Pero el acuario tiene una capacidad máxima de 8.000 peces.

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