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A Jorge Luis García Carneiro le gusta la jardinería. Lleva diez años como gobernador del estado Vargas y aspira a la reelección. Sería la tercera vez que se asentaría en la vieja sede de la Compañía Guipuzcoana en La Guaira. Su mandato ha sido de muy bajo perfil, su más grande obra fue el matrimonio del hijo, con gran derroche de bebidas espumosas y escocesas, además de exquisitas viandas y orquestas bailables. La otra vez que ocupó la atención fue cuando su yate quedó varado y los vecinos lo rescataron de la intoxicación y la insolación.

Nunca antes en el litoral central se construyeron tantas jardineras en sus avenidas ni jamás se sembraron tantas plantas exóticas que requieren riego diario o interdiario como en su gestión. Tampoco hubo tanta escasez de agua. Esa exageración publicitaria del grifo lleno de telarañas y de una cola de ancianos, adultos y niños con poncheras, tobos y ollas esperando algún camión cisterna extraviado se hizo una realidad tan frecuente como inútil.

La falta de agua y los apagones han sido especialmente calamitosos en el oeste del estado, desde Catia La Mar y más allá de Carayaca y Puerto Cruz, en donde la catástrofe del olvido ha empeorado el pésimo estado de las vías de comunicación, sean calles, carreteras, escalinatas u oscuros callejones. El puente de Picure es un monumento a la ineptitud, construido por el alcalde peseuveco Alexis Toledo con un sobreprecio que marcó récord, hoy apenas sirve, y el pueblo de Carayaca sigue utilizando una trocha porque desde 2010 no ha habido manera de que la carretera sea debidamente reparada.

Mis amigos arquitectos y urbanistas calculan que esa carretera pudo haber sido transformada en una autopista del primer mundo con la cuarta parte de lo que ha gastado Carneiro y su gobernanta en plantas solo en Maiquetía, Macuto y Naiguatá. Quizás la esposa sabía que en esa zona se dan muy bien las plantas xerófilas, que son muy atractivas para el turismo por su espectacular belleza, no necesitan riego, fumigaciones ni fertilizantes y duran para siempre, pero no quiso interrumpir el reposo del general.

Dentro de su peculiar bajo perfil, García Carneiro tampoco se ocupó de las torrenteras que evitarían la repetición de los deslaves y desgracias que ocurrieron en 1999. Los expertos se han quejado. Hace 4 años reconocían la construcción de 63 presas aguas arriba, pero denunciaban que las obras de minimización de riesgo seguían incompletas en 17 de las 23 cuencas intervenidas y el nulo saneamiento ambiental: la operatividad de la planta de tratamiento de aguas servidas de Punta Gorda no llega a 10%. Vendo cocotero cruzado con blender escocés, el sueño marabino.

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Redacción El Norte
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