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Coordinador de Facultad de Mecánica sugiere promover producción de prototipos útiles para transitar y paliar la situación económi- ca del país

Los pasillos de la Universidad de Oriente (UDO) gritan malas noticias. Paros indefinidos, delincuencia, robos masivos a mano armada, hurto en sus instalaciones, quiebre técnico, saqueos, disconformidad, fuga de cerebros y muchos otros asuntos que puertas adentro ya no causan sorpresa pese a su protagonismo en las primeras páginas de los medios de comunicación.

Las buenas noticias se han vuelto silentes delante del monstruo que las opaca. Pero por encima de estas deficiencias, la fuerza intelectual de esta Alma Máter se ha inscrito en piedras internacionales durante cada una de sus comparecencias en competencias tan destacadas como la Fórmula Sae (Sociedad de Ingenieros Automotrices, por sus siglas en inglés).

Desde 2003 hasta 2008, la astucia, el compromiso y sobre todo la capacidad intelectual de jóvenes que se mueven a través de la pasión que les produce desarrollar un proyecto propio han posicionado a Venezuela hasta en el puesto número 25 de 143 universidades participantes en la competición, donde deben diseñar, construir y probar un prototipo de automóvil de carrera.

Pero han pasado ocho años desde que el equipo estudiantil, de 22 personas, debió poner en neutro su caja de velocidades por falta de presupuesto y por el robo de 90% de su patrimonio de autopartes que estaba bajo llave en el taller de la universidad y que fue forzado por delincuentes para apropiarse de los equipos.

Además, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv), la gobernación de Anzoátegui e incluso la propia Universidad de Oriente, que inicialmente corrían con los gastos, dejaron de proveer el patrocinio.

Hoy, el baremo que estiman asciende hasta 18 mil dólares, sin incluir el traslado hacia la próxima competencia en Brasil (que para 15 personas y el vehículo rondaría entre los cinco y los 15 mil billetes verdes, dependiendo de si el viaje se hace por aire o tierra).

Infografía: Carlos Cardoza
Infografía: Carlos Cardoza

Pero contra todo pronóstico, ante la situación económica que padece el país, la UDO confirmó su participación con un costo de 706 dólares. El oriente venezolano estará representado durante la competencia en la ciudad de São Paulo del 24 al 27 de noviembre.

De hecho, es la única universidad nacional inscrita oficialmente hasta ahora.

El vicepresidente de la agrupación anzoatiguense y estudiante de ingeniería mecánica, Sean Montilla, comenta que gracias al padrinazgo de Azimut -una asociación civil que funge como club de automovilismo deportivo, registrado en el Ministerio del Deporte- lograrán conseguir, al menos, 25% de todo el dinero que requieren.

Es aquí donde la teoría del profesor Payares se manifiesta: la capacidad de emprendimiento y disciplina de quienes pasan por el taller mecánico para la creación del auto se traduce en grandes logros y puestos importantes.

Los udistas consiguieron este patrocinio a través del actual piloto y líder de la agrupación sin fines de lucro, Nunzio Coffaro, quien años atrás se graduó con honores de Ingeniero Mecánico en la UDO por haber formado parte del grupo Sae regional.

“Qué más orgullo y sentido de pertenencia que apoyar al equipo de tu propia universidad. Además, yo creo que esta vez tenemos grandes posibilidades de quedar entre los tres primeros puestos. Estamos haciendo ajustes nunca antes vistos, al menos no en Venezuela”, explicó Sean.

Prototipo
Los puntos a favor de la representación anzoatiguense es que contará con la innovación de presentar una caja de cambio de velocidades que se adapta a los requerimientos individuales de cada prueba, que son de aceleración, autocross y circulación en pista con curvas. De resultar victoriosos por estas características, se ganarían la inscripción y el traslado del automóvil a la competencia en el estado Michigan (2017), en Estados Unidos.

El reto, según lo comenta el propio Montilla, es que apenas tienen cuatro meses desde el 14 de marzo para fabricar y ensamblar las tres mil 500 piezas, que son totalmente desarrollada por los jóvenes.

A excepción de la computadora, el módulo de encendido y otras prefabricadas. Pero la calidad de educación que han recibido hace pensar al vicepresidente que al menos el 30% del equipo está capacitado para eso e incluso un carro de fórmula uno, por lo que la verdadera dificultad del proyecto radica en la responsabilidad voluntaria (por ser una tarea extracurricular) que tienen estos muchachos en poner en práctica conocimientos con los que quizá nunca han estado relacionados.

La simulación de empresa requiere que sepan de diseño, administración, electricidad, mecánica, potencia, comunicación, relaciones humanas e incluso educación para poder guiar a los demás miembros, tener la contabilidad de sus ingresos y egresos, fabricar cada parte del auto, dar a conocer su potencialidad y velar por las buenas relaciones y la captación de integrantes.

Una de las cuatro mujeres que pertenecen a la agrupación, Bárbara Mongou, quien además es estudiante de contaduría, asoma la idea de que dado el reconocimiento a equipos como el de la UDO, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar -que han recibido reconocimientos por diseño, silenciadores y negocios- podrían impulsar esta competición a nivel nacional para el año entrante.

Mongou recuerda que las calificaciones o profesionalización en áreas que no tengan que ver con la mecánica no es un impedimento para ser parte de la fórmula Sae. Actualmente, hasta estudiantes de la escuela de medicina son miembros de la agrupación.

Paliativa de crisis
Pese a que el asesor de los estudiantes, Félix Payares, admite que es un proyecto ambicioso y costoso, este fungiría como una paliativa ante la situación económica, pues se podrían hacer competiciones en la que se desarrollen prototipos que sean útiles al país, bien sea para su venta o su uso.

Pero esto, a su vez, también afianzaría la calidad universitaria. Se promovería la investigación y se incentivaría el desarrollo intelectual de los estudiantes.

En pocas palabras, esta inversión haría que el principal potencial de Venezuela sea el talento y no el rentismo petrolero.

“¿En los países desarrollados, cuando tienes necesidad, hacia dónde vas? Hacia las universidades (…) pero para tu generar conocimiento necesitas un ambiente adecuado, tienes que estar despreocupado de cualquier cosa que sucede en el exterior, tienes que estar en un ambiente de confort”, explica Payares.

Sin embargo, los 14 años de asesoría al equipo solo le ha dejado satisfacción. Recuerda cómo el taller donde los estudiantes pasan gran parte de su tiempo se ha convertido en una suerte de incubadora de sueños y motivación para alcanzar el éxito en sus vidas profesionales. Pero sobre todo, para aportar razones al orgullo del país.

Compra de los prototipos

En caso de que a los fiscales les guste el prototipo construido por los estudiantes, podrían comprarlo hasta en 1 millón de dólares. Además, tendrían la opción de obtener una membresía internacional e incluso ser parte del equipo oficial de Sae International si su prototipo es lo suficientemente bueno para resultar ganador.

Katherine Carrizales/ECS
[email protected]

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