Uso continuo de los equipos móviles puede traer múltiples consecuencias en jóvenes y adultos 

Para muchos jóvenes y adultos el uso de los celulares se ha convertido en una especie de adicción, que no les permite dejarlo a un lado para entrar en contacto directo con quienes lo rodean.

Especialistas médicos aseguran que la falta de este aparato puede desencadenar reacciones similares a las que se producen por la falta de drogas o alcohol.

Según estudios, en la actualidad el 84% de los adolescentes a escala mundial duerme con sus equipos móviles en la cama, lo que hace pensar que estos teléfonos son una extensión del cuerpo.

Estos equipos operan como un centro multiuso que no solo los mantiene conectados las 24 horas del día, sino que permiten tomar fotos, videos, escuchar música y obtener toda la información que se desea.

Estudios

La investigación realizada por la Universidad Católica Daegu, en South Korea, arrojó que los chicos que usaban sus equipos móviles presentaban un comportamiento parecido al de las personas que son adictas, como aislamiento, agresión, depresión, agitación y dificultad para concentrarse y mantener la atención que quienes le hablan.

Por lo que acostarse en cama, dormir y descansar, son tres de los hábitos que deberían ir de la mano al final del día, pero ya es una misión casi imposible para muchas personas.

El enviar los últimos mensajes del Whatsaap o revisar nuestras redes sociales puede convertirse en una amenaza para la salud.

La Universidad Católica Daegu, en South Korea, realizó una investigación. Cortesía

Pero esto no se trata de riesgos menores, según una evaluación realizada entre 850 adultos, el “vicio” de manipular teléfono con las luces de nuestra habitación apagada se vincula a un significativo incremento del insomnio y la fatiga general.

La investigación arrojó que el “potente” brillo de la pantalla justo antes de intentar dormir es una pésima idea.

Ese estímulo luminoso puede ocasionar que nuestro cerebro no segregue melatonina, como si le enviáramos un mensaje que la hora de dormir ha llegado.

Si el comportamiento se repite noche tras noche, las consecuencias pueden aparecer en forma de insomnio o incluso depresión.

El dormir poco y mal también dificulta que las células gliales limpien correctamente las neurotóxicas generadas a lo largo del día.

Consecuencias  

El uso excesivo de los celulares puede verse reflejado en los niños y adolescente a través varias de sus actividades.

  • Malas calificaciones: si el niño era buen estudiante, pero ya sus calificaciones han ido bajando es probable que el uso del celular esté afectando su concentración.
  • Vibración fantasma: se trata de un fenómeno reciente que hace que el usuario constantemente sientan que su celular está vibrando, aun cuando no sea así.
  • Vida virtual: Los adolescentes adictos a su teléfono pierden interés en todo lo que está ocurriendo a su alrededor.

Su mundo “real” es el que se encuentra dentro del dispositivo móvil.

  • Dulces sueños: el 84% de los jóvenes duerme junto a su teléfono. Esto causa interrupciones constante cuando su cuerpo debería estar descansando.
  • Tiempo de familia: designa un día y una hora en la que la familia apague sus teléfonos y compartan tiempos juntos sin que nada los interrumpan.

Se puede comenzar con los fines de semana, y con el tiempo, convertirlo en una actividad diaria, a la hora de la cena.

  • No puede resistirlo: un adolescente adicto a su celular siente la urgencia de atender cada llamado y responder a cada texto o actualización, independientemente de lo que esté haciendo o de lo que tenga que interrumpir.
  • Haz lo que digo y lo que hago: tus palabras pueden ser convincentes, pero tus actos lo son más.

Recomendaciones

Debido a que las personas se han convertido en adictos al teléfono se recomienda:

– No usar el teléfono mientras manejas.

– No interrumpir las conversaciones para atender llamadas o textos.

– Evitar utilizar los celulares en la hora del almuerzo o la cena.

– Apagar el teléfono antes de dormir o evitar tenerlo en la cama.

– Observa tu propio comportamiento.

Elizaira Marval

[email protected]