En mis vacaciones en Margarita escuché muy repetidas veces el problema de escasez y de la especulación.
Preguntadas varias personas, la mayoría me dijo que era el principal problema.

No hay un Bicentenario, y el único Mercal no se da abasto pa’ tanta gente. Los precios por las nubes, y lo peor es que por ningún lado, me repitieron, aparecen los inspectores y fiscales de la Superintendencia que combaten los altos precios y cuya actividad conocen por los medios de comunicación. Es evidente que no se deja sentir en la isla, y seguramente, en otras ciudades del interior.

También me informé de una iniciativa de la Cámara de Comercio, que formó en la isla una “Gran alianza por todos”, que tiene entre sus objetivos estimular la economía insular. Hace algún tiempo presentaron a través del gobernador Mata Figueroa al presidente Nicolás Maduro un programa para ejecutar este año que termina, que proponía una asignación de 600 millones de dólares distribuidos en cuatro etapas para garantizar:

1.- A través de cartas de créditos, que solo cuando la mercancía salga de los puertos de origen, con su respectiva copia del DL, se transfieran los dólares a la banca del proveedor.

2.- Contratar una empresa verificadora que en el barco que transporta los bienes, compruebe que lo facturado coincide con el contenido.

3.- Solo participarían empresas con licencia de importación, para evitar la filtración de empresas de maletín.

4.- Esas mercancías no se pueden nacionalizar, de suerte que solo sea vendida en el Puerto Libre y no sea posible sacarlas de la isla como hacen algunas empresas.

Aparentemente, este plan lo habría aprobado el presidente para que se estudiara su ejecución, y seguramente debió entregarlo a alguno de sus ministros.

Pero quedó engavetado en alguno de tantos escritorios de la burocracia, donde aún reposa. No se entiende cómo una iniciativa como esta, aparentemente fácil de aplicar y con mecanismos de control, nunca se ejecutó.

Y a propósito, según los resultados de una encuesta de Datanálisis, 65 % de quienes hacen colas para comprar en supermercados y abastos son revendedores. De ser cierto, habrá que concluir que los mecanismos de control, a través de la cédula de identidad y de las captahuellas habrían fracasado. Una información más reciente, suministrada por Yván Gil, viceministro de Seguridad Alimentaria, revela que “El año 2014 cerrará con crecimiento en el ámbito agroalimentario”, pero, termina el año y todavía no se sienten sus efectos en la reducción de las colas de consumidores.

Aporrea.org/Eleazar Díaz Rangel