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Aunque la conocemos como la patrona del oriente venezolano, la Virgen del Valle cuenta con una legión de devotos en diversas regiones del mundo, quienes le rezan y le agradecen favores en varios idiomas pero con el mismo fervor

Las calles se adornan con bambalinas de colores mientras los altavoces reproducen los tradicionales galerones, cuyas letras hablan de los muchos milagros y favores que ha concedido de generación en generación.

El ambiente festivo que se dibuja en todo el oriente venezolano durante la primera semana del séptimo mes de cada año deja entrever el fervor de un pueblo por una de las figuras más míticas del catolicismo criollo.

Y es que la Virgen del Valle goza de respeto y adoración en todo el oriente del país, región venezolana a la que llegó en el año 1530, y que durante siglos se ha mantenido dentro de la pasión de quienes residen en esta parte del país.
Pero “Vallita”, como también es reconocida esta advocación mariana, cuenta con una legión de devotos en rincones que sobrepasan nuestras fronteras. Se trata de una imagen a la que le rezan en varios códigos y lenguas locales.

Esa imagen representada con una figura pulcra, de imponente figura, vestido con destellos brillantes, corona ostentosa y ojos que evocan cierta tristeza también posa su manto sobre otros hijos que no viven en estas tierras.

Según un relato, que ha sido reproducido durante años por historiadores y especialistas, la “patrona del oriente” ya era venerada en algunas regiones de España. De hecho, se menciona al rey Alfonso I como uno de sus fieles seguidores.
Los cuentos se remontan hasta el año 754, época en la que la madre de Jesucristo supuestamente aparecía en los sueños de quien mandaba en Saldaña, un pequeño pueblo que está ubicado al norte de Palencia, región española de León y Castilla.

Para Alfonso I, la guía de Vallita durante la guerra contra los árabes fue crucial, por lo que desde entonces le habló a toda su gente sobre ella y el mito alrededor de su nombre rápidamente se convirtió en un movimiento religioso.

Fuera de las fronteras

Pensar en alejarse de su cultura y costumbres fue el primer muro que tuvo que derribar Vanessa Martínez frente la idea de emigrar. En julio de 2015, el plan se materializó, y hoy día es residente de la ciudad de Sevilla, España.
A dos años de su travesía, la joven oriunda de Barcelona, Venezuela, recuerda la impresión que sintió la primera vez que se topó con unos de los íconos de su tierra natal, la Virgen del Valle.

Reconoce nunca haber sido una devota de Vallita mientras vivió en la capital del estado Anzoátegui. Sin embargo, y paradójicamente como Martínez lo señala, la distancia y el “reencuentro” con la imagen la hicieron acercarse más a ella.

“Tenía unos meses aquí cuando, en uno de esos recorridos por la ciudad me encontré con una imagen de Vallita en una tienda. No lo podía creer porque bueno, entiendo que cada quien tiene sus patronas y sus creencias”, rememora con la voz llena de melancolía.

Comenta que no aguantó la tentación de preguntar y su estupor fue mayor cuando, efectivamente, la persona encargada del comercio sabía de quién se trataba la figura del velo inmaculado.

Esta ciudad ibérica es precisamente una de las tantas que en el mundo de habla hispana que venera con devoción a la Virgen del Valle. Pero a diferencia de la “Vallita” que conocemos, en cada región la imagen sufre alteraciones”.

“Aquí (Sevilla) la conocen como Nuestra Señora del Valle y la celebran cada mes de julio. La imagen no es una fiel reproducción de la que los orientales conocen, pero indiscutiblemente sabes que es ella”, puntualiza la venezolana.

Huelva y Toledo son otras regiones de la “madre patria” en las que la Virgen del Valle es celebrada y ampliamente conocida. Y como pasa con Sevilla, las figuras que la representan se muestran de maneras totalmente diferentes.

Tal es el furor hacia “Vallita” en estas dos últimas dos regiones, que en el pueblo de Manzanilla recientemente le concedieron la orden de “alcaldesa perpetua” y le ofrecieron la medalla de oro honoraria de la localidad española.

Advocación

En el catolicismo, una advocación mariana es una alusión mística relativa a apariciones, dones o atributos de la Virgen María; otras advocaciones corresponden a imágenes de la Virgen a las que se tiene especial devoción en un lugar, región o país. La Iglesia católica admite numerosas advocaciones.


 

Foto de P. Rivas
Paúl Rivas

paul.rivas@elnorte.com.ve
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