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Primero, lo primero. Cada día lo que se ve en las calles es gente de madura para vieja en cantidades enormes. No hay jóvenes. Se están escapando del país. Ya lo que está huyendo ni siquiera formación tiene en su mayoría.  Se van porque se van


 

La Venezuela del año 2017 es otra. Muy distinta al país de los años 70, 80 y 90.

Radicalmente distinta a la de la época de la Guerra de Independencia. Y no nos referimos al país físico. Hablamos de la gente, de los venezolanos. Al menos es lo que se observa día a día. En las calles, en los colegios, en las universidades. En otros países. Y, cosa extraña, los más profundos de los cambios se produjeron en estos 18 años de la más generosa ración de chavismo que haya recibido país alguno.

Y no es que otras naciones no hayan agarrado su pedazo de comandante eterno. Brasil, Nicaragua, Ecuador, Argentina, solo por mencionar las más emblemáticas, también fueron bañadas con parte de esa fórmula inventada por Fidel Castro y sus secuaces, y seguida con mejoras por Chávez y sus militares, que consiste en una cosa muy sencilla: empobrecer, envilecer, esclavizar, humillar, embrutecer, apabullar y hasta perseguir a sus ciudadanos. Lo de Cuba es una obra maestra, pero los cubanos recientemente escapados hacia Estados Unidos lo que primero declaran al llegar allá es “Venezuela está peor que Cuba. Nada funciona y hay hambre pareja. En Cuba al menos la salud es satisfactoria y hay comida. Mala, pero se come. Además mucha gente está comiendo de la basura, de los desechos de otros. Lo vimos. Ya es normal”. Eso dicen los cubanos huidos de Venezuela. Veamos de qué va el nuevo venezolano, el nuevo hombre venezolano crecido bajo el libreto chavista.

Primero, lo primero. Cada día lo que se ve en las calles es gente de madura para vieja en cantidades enormes. No hay jóvenes. Se están escapando del país. Ya lo que está huyendo ni siquiera formación tiene en su mayoría. Se van porque se van. Y listo. Si hay que lavar platos en Miami Beach, pues siempre será mejor que vivir en chavismo. Así que la población venezolana, la que se resiste es, mayoritariamente de 40 en adelante.

No hay clase media. El chavismo la destruyó. Todo el mundo está empobrecido. Hay dos clases altas. La de siempre, que también vive fuera del país pero va y viene sin ningún problema. Y, claro, la nueva clase rica compuesta por chavistas de gobierno. También están los chavistas que no son chavistas, pero trabajan de la mano y hacen negocios juntos y, por supuesto, militares. Muchos militares. Esta Venezuela es holgazana. No le gusta trabajar. Ya se acostumbró a las colas del oprobio. Si le ofrecen un carnet de la patria para recoger migas y limosnas la aceptan con aplausos. En su mayoría tienen una papaya en las aulas de clase: el gobierno prohibió raspar estudiantes. Todos pasan a juro. Así que no hay estudios ni disciplina. Si pierden el trabajo por quiebra de las empresas no les importa. Es más, si pueden contribuir con la quiebra lo hacen. Después viven de varias cosas: delincuencia, atracos, estafas, arrebatones, robos, secuestros.

Basta conseguir un buen pran y entregarse a la banda. No hay peligro. Hay total impunidad. Hasta las policías están en el negocio. Otra opción de moda es el bachaqueo.

Elides Rojas

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