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Cada razón tiene una motivación diferente, sin embargo, todos los que abandonan la nación desde una terminal aérea internacional o por tierra, lo hacen en busca de un mejor porvenir. Eso sí, desde que llegan luchan con los prejuicios de ser inmigrantes


Se recuerda a sí mismo llevando a rastras su equipaje sobre buena parte de los 2 mil 608 metros cuadrados de la icónica obra “Cromointerferencia de color aditivo” del artista venezolano Carlos Cruz Diez, ubicada en el aeropuerto internacional Simón Bolívar.

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Durante el momento, que apenas se extendió por un par de minutos, fue invadido por cientos de flashbacks que le trajeron al presente, como una película que se rebobina, momentos determinantes de su vida.

José Domingo Yánez dice que en su equipaje cargó con el ímpetu y determinación que necesitaba para entonces, sabiendo que tendría que dejar por fuera a sus padres, sus dos hermanos, e incluso a Brandon, la mascota que le hizo compañía durante 14 de sus 28 años de vida.

Aún tiene presenta aquel 15 de mayo de 2015 como una fecha decisiva en su vida, en la que reflexionó sobre su niñez, algunas vivencias de su adolescencia, todos los afectos que dejaba atrás y todo lo que vivió en la patria que lo vio nacer.

Señala que fue precisamente ese día el que decidió renunciar a la cotidianidad venezolana, que transcurre entre las notas del alma llanera, para bailar al son del tango, en una tierra que no le pertenece y que lo pone a 7 mil kilómetros de distancia de todo lo que alguna vez fue suyo.

La historia de Yánez es una de las tantas que se escriben prácticamente a diario en el registro de éxodo del país, una nación que desde según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU) tenía 606 mil 344 mil emigrantes hasta el cierre del año pasado.

“Venezuela no te ofrece un futuro porque solo te da chance de sobrevivir al presente. Ser joven en el país es muy duro, realmente no hay muchas razones para quedarse y yo tuve las mías”, expone Yánez.

El sociólogo caraqueño Tomás Páez expone con preocupación una cifra menos modesta que la de la ONU, y asegura que hasta junio de 2016 había más de 2 millones de venezolanos viviendo en tierras foráneas.

El catedrático, quien escribió el libro “La voz de la diáspora venezolana”, publicado el año pasado, apunta que lo alarmante de cada caso es la posición del Estado venezolano, que se empeña en no reconocer la “huida masiva” de ciudadanos.

Páez menciona que la situación no solo afecta a los que se fueron, por estar en condición de inmigrantes bajo normas y reglas que quizá no los favorecen durante sus primeros meses de estadía, sino que también “sufren” sus familiares y amigos.

Destaca que el pasaporte venezolano es presentado como principal documento de identidad en más de 90 países, y hace énfasis en la gravedad de que el Gobierno de turno no reconozca la situación.

“Muchas personas se han ido del país porque las condiciones económicas, políticas y sociales los han forzado a tomar la decisión. Si el Estado no reconoce a estas personas, los está silenciando y dejando de reconocer un problema gravísimo”, declara Páez.

Para el también sociólogo y profesor universitario, Iván de la Vega, las cifras son igualmente alarmantes. Agrega que durante la década de los 90, la cantidad de venezolanos en el extranjero no superaba los 30 mil en apenas 20 países.

Buena reputación

José Domingo Yánez comenta que en Buenos Aires a los venezolanos se les conoce como personas bastante trabajadoras y productivas, en comparación con los locales, a quienes observa como individuos “perezosos”.

“Emigrar no es fácil. No es tan sencillo como apostillar tus documentos, comprar el pasaje y listo. Sí es duro en principio pero tenemos la ventaja de ser personas muy preparadas”, sostiene el joven contador público.

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Destaca que desde que pisó tierras gauchas, inició un recorrido por cafés y restaurantes, donde fue contratado como mesero. Su estatus mejoró apenas cuatro meses después, cuando recibió una oferta laboral basada en su título universitario.

El joven ve como una ventaja el hecho de que muchos de sus paisanos se vayan con una formación de tercer nivel educativo, tomando en cuenta el bajo índice de profesionales en países como Brasil, Chile y Argentina.

En el caso del último país, donde precisamente Yánez reside desde hace año y medio, el Centro de Estudios de Educación Argentina (CEA) reseñó en su más reciente informe, publicado en 2015, el aumento de la matrícula en universidades pero las pocas personas que en efecto se gradúan.

El CEA precisa que, por ejemplo, el número de muchachos que cursan estudios superiores en planteles nacionales supera el millón 442mil, pero de esta cifra, solo 73 mil logran finalizar sus respectivas carreras.

En el mismo documento, el CEA explica que la altísima deserción universitaria tiene que ver con las bajas restricciones de selectividad de los alumnos que ingresan a estas casas de estudios superiores y al esquema de educación actual, catalogado de “muy enciclopédico”.

Yánez remata diciendo que a pesar que ser muy bien vistos, deben luchar con los prejuicios que vienen con ciertos inmigrantes. “Aquí se han sabido casos de venezolanos que llegan es para estafar y robar a los argentinos. Hay que trabajar muy duro para hacer ver que no todos vinimos a eso, la mayoría vinimos a echarle pichón”, enfatiza.

¿Xenofobia?

Más allá de recibir recomendaciones sobre la oferta laboral, el alquiler de viviendas y otros asuntos esenciales, Ramón Carreño y Grisbelys Peña solo escucharon la misma advertencia:

“Tengan cuidado que los panameños odian a los venezolanos”.

Seis meses de estadía en la tierra de América Central le bastaron a la pareja de recién casados para darse por entendidos de esta realidad que se vive y respira en cada rincón de la capital panameña.

“Es feo, porque estamos pagando justos por pecadores.

No lo entiendo porque todos somos hermanos pero bueno, cada quien tiene su forma de pensar y nosotros vinimos fue a trabajar”, declara Peña.

El tema de la supuesta xenofobia de los panameños en contra de los venezolanos ha sido ampliamente reseñado por medios de comunicación extranjeros, e incluso criollos como la actriz Norkys Batista o el comediante George Harris han dado testimonio de esa situación.

Cifras de éxodo, según ONU 2015

La cantidad de venezolanos que se fueron a vivir en otro país entre 2000 y 2015 fue de 233.097 personas, reseñan las estadísticas más recientes disponibles sobre flujos migratorios.Cerca de la mitad de los venezolanos que viven fuera del país se fue entre los años 2000 y 2015, según datos del Departamento de Población de Naciones Unidas, que contabiliza a 606.344 nacionales repartidos en 67 naciones.

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La cantidad de venezolanos que se fueron a vivir en otro país entre 2000 y 2015 fue de 233.097 personas, reseñan las estadísticas más recientes disponibles sobre flujos migratorios (junio 2015), que están agrupadas por totales cada cinco años desde 1990.Visto por quinquenios, el que más incremento registró fue el que va de 2005 a 2010 con un total de 134.880 personas que buscaron otra nación para vivir. La mayoría de ellos a España y Estados Unidos.

Personal calificado

Según un estudio realizado por Iván de la Vega, sociólogo y profesor de la Universidad Simón Bolívar, países como España, Colombia, Chile, Argentina y Panamá se están aprovechando de la “fuga de cerebros” venezolana para reclutar personal calificado en empresas de alto renombre en estas naciones.

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Paúl Rivas González
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