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Maryori Centeno, quien rinde culto a la efigie, explicó cómo sincretizan con la advocación de María


La colonización española trajo a América el catolicismo y también a los negros esclavos de África. Con esta inmigración llegó a Venezuela la complejidad de cultos que hasta el presente se profesan.

Muchos estudiosos afirman que los yorubas buscaron para ese entonces semejanzas entre sus deidades milenarias y los santos católicos, por lo que decidieron reemplazar los nombres de sus orichas, sincretizándolos con imágenes del catolicismo, fenómeno se produjo a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

La practicante Maryori Centeno, explica que ambas doctrinas practican un solo dios, con una serie de santos que lo acompañan en su misión de actuar en beneficio del mundo y los humanos.

“Ese es el motivo por el cual proviene la santería a la regla de osha, conocida como religión yoruba, donde Shangó es Santa Bárbara, Obatalá es la Virgen de las Mercedes, Eleguá es Santo Niño de Atocha, Oshún es la Virgen del Cobre y Yamamá asociada a la Virgen del Valle en la Regla de Ocha”, detalló la vocera de culto en Venezuela.
El sincretismo de algunas religiones, es consecuencia directa de la imposición de los santos católicos por parte de la sociedad a los negros esclavos.

Ceremonia milenaria

La esencia de la maternidad y protectora de los recién nacidos, entre otras características es venerada en el mar colocándole frutas, en especial la patilla y la melaza.

Lianfran Figueredo, señala que sus creyentes le adoran en casa con una cesta llena de tomates, acelgas, maíz, hojas de plátano, frijoles, piñas uvas, manzanas, peras, piñas, y cuando los hijos tienen la salud quebrantada, le ofrendan rosas blancas a la orilla del mar.

“Quienes se acercan a ella, buscan fertilidad, además de rogar ayuda para su hogar y familia, pues se asocia con la misericordiosa… Ella siempre está dispuesta ayudar con solo pedirle”, dice Figueredo, quien afirma que cada 8 de septiembre celebra a Yemayá con oraciones y cantos.

El sincretismo de algunas religiones, es consecuencia directa de la imposición de los santos católicos por parte de la sociedad a los negros esclavos.
Con tambor, oraciones y cantos

Para invocar su esencia de maternidad y su protección a los recién nacidos, entre otras características, es venerada de diferentes manera, la más común, en el mar colocándole frutas, en especial la patilla y la melaza.

María José Donatti y tu entorno familiar, cada 8 de septiembre, celebran en casa a Yemayá con tambores, una cesta llena de tomates, conservas de coco, pescados crudos enteros, verdolaga, tostones, chicharrones, un vaso de agua con melao, una vela blanca, galletas de chocolate oscuras ,hojas de plátano, frijoles, caraotas preparadas y una variedad de frutas.

“Quienes se acercan a ella, buscan fertilidad, además de rogar ayuda para su hogar y familia, pues se asocia con la misericordiosa… Ella siempre está dispuesta ayudar con solo pedirle”, dice Donatti.

yemaya “Ochun es la madre de las aguas dulces, como el caso de la Virgen de Coromoto. Yemaya es la madre de las aguas saladas y se relaciona con la Virgen del Valle, porque ambas fueron conseguidas por pescadores en la playa”, explica la creyente.
Donatti se tomó su tiempo para explicar por qué ambas religiones tienen ciertas similitudes: cuando llegaron de África a Cuba, a los esclavos solo les permitían convertirse en católicos, por lo que tenían que adorar a sus espíritus en los santos que existían en la isla.

Celebración

“Ochun es la madre de las aguas dulces, como el caso de la Virgen de Coromoto. Yemaya es la madre de las aguas saladas y se relaciona con la Virgen del Valle, porque ambas fueron conseguidas por pescadores en la playa”, explica María José Donatti quien cada 8 de septiembre celebra a Yemayá.

Lilibeth Rincón

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Redacción El Norte
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